Ermitaño: tu exilio, reflejado sobre muy viejos espejos, secuela de verdades engastadas en la corona de tardío monarca que eres o pudieras llegar a ser, revela tu intención de avanzar más allá de tus circunstancias.
Ermitaño: conjuras tu escepticismo al interior de un tiempo avaro en sus ofrendas.
Ermitaño: deletreas la exuberancia o la desolación al interior de ese rincón que te preserva, consecuencia de tu voluntad por avanzar bajo un cielo que te cubra.
Ermitaño: descubres tu sentido en la fuerza de cada uno de tus ahoras, en el presente que te centra, en el albedrío que construye tus momentos.