Rafael Fauquié Bescós
lunes 19 de marzo de 2012
DESDE SU NACIMIENTO, LAS UNIVERSIDADES...
Desde su
nacimiento, las universidades tuvieron clara conciencia de su designio: ser
formadoras de las individualidades que preservarían la memoria y los valores de
su tiempo. Sociedad y universidad evolucionaron paralelamente. La universidad
simbolizaba el nuevo mérito de la inteligencia; intelecto como fuerza y
herramienta de poder. Pocas instituciones podrían resultar tan elitescas como
la universidad. Su espacio supone el encuentro de maestros y discípulos: unos
guían y otros aprenden y obedecen. La dignidad del maestro reposa en su
sabiduría. El saber se apoya en la inteligencia y en la experiencia. Ambas,
afirman el "derecho" natural del sabio: su autoritas. La autoritas
académica es la fuerza del prestigio, la potestad del hombre que conoce, que ha
visto, que ha vivido, que ha reflexionado; del hombre que sabe. De esa
inteligencia dominante y carismática, emana una autoridad que es natural e
incuestionable.
viernes 16 de marzo de 2012
POR MUCHO TIEMPO EL SER HUMANO SE CONCIBIÓ A SÍ MISMO...
Por mucho tiempo el ser humano se concibió a sí mismo como construcción
final y magnífica de un proceso evolutivo único. Hoy el ser humano comienza a
reconocer que su protagonismo dentro del tiempo terrestre es, esencialmente,
accidental. No somos los privilegiados destinatarios de la infinitud universal,
somos sólo los habitantes temporales de un fatigado planeta: apenas
sobrevivientes. Ni hijos de Dios ni extraordinario resultado de una mágica e
irrepetible combinación, sólo sobrevivientes... Y desapareceremos algún día, de
la misma manera que un día llegamos.
jueves 15 de marzo de 2012
EN ALGUNA PARTE DE SU OBRA, EDGAR MORIN...
En alguna parte de su obra, Edgar
Morin dice que nuestro presente ha recuperado una antiquísima palabra de origen
griego: oikos; vocablo que significa
casa. De oikos derivan dos voces que
nuestro tiempo repite incesantemente: “ecología”, “ecosistema”. Términos
alusivos a un mundo concebido como espacio familiar, cercano; superficie
poblada de cuerpos y formas siempre en relación, espacio donde todos nos
aglomeramos en conjuntos necesariamente comunicados en imprescindible diálogo
sobreviviente.
Opuesta a Oikos, nuestros días
repiten otra palabra: “caos”. La repite incluso -¡quién habría de decirlo!- una
ciencia cada vez menos segura de sí misma, de sus posibilidades y alcances.
Caos alude a la acechante impredecibilidad de todas las posibilidades. Implica la
amenaza de lo incierto asomando por entre cualquier conclusión o certeza. La
noción de caos, de muchos modos, evoca un regreso a remotas edades anteriores a
la tranquilizadora presencia de los dioses. El caos sugiere la entronización
del azar y la incoherencia; sugiere la desarmonía, la indescifrabilidad y el
desvanecimiento de los nortes.
martes 13 de marzo de 2012
DIFERENCIA ENTRE LOS SERES HUMANOS Y DIFERENCIA...
Diferencia
entre los seres humanos y diferencia entre los pueblos: cuerpos y fronteras son
espacio límite de una voluntad de distinguirnos. Somos lo que somos y no
queremos ser eso que son los otros. La voz del otro no es la nuestra ni tampoco
sus valores son nuestros. Nosotros contra vosotros... Todo el espacio, todo el
largo recorrido de la historia humana: de sus guerras, de sus parcelaciones, de
sus miserias y grandezas, de sus ritos de odio y devoción, de su sangre y sus
penurias, de sus banderas y sus himnos, nace en este sentimiento de un
yo-nuestro agrupador de tribus, primero; después, patrias; luego, culturas en
el tiempo...
domingo 11 de marzo de 2012
A LO LARGO DEL TIEMPO EL HOMBRE HA ESCUCHADO...
A lo largo del tiempo el hombre ha escuchado la voz sagrada de los dioses o la voz profana de la historia. Aquélla le explicaba el sentido de todas las cosas en la ira o la benevolencia divinas. Le decía que todo en el universo estaba relacionado con los inescrutables designios de algún dios. Luego, la voz sagrada iría desvaneciéndose y los hombres descubrieron su soledad. Comenzaron a sospechar el absurdo de las cosas sin sentido, la posibilidad de una historia sin norte. Una nueva deidad, la Razón, los salvó de la desesperación y del terror. Les hizo creer que todas sus metas serían alcanzables y todos sus propósitos realizables. En el fondo, y gracias a la Razón, la voz profana terminó por coincidir con algunas de las fundamentales razones de la voz sagrada. Las dos decían que las desgracias humanas eran superables. Las dos insistían en que la felicidad aguardaba adelante, al final de los tiempos; sólo que, mientras la voz sagrada colocaba la felicidad en la otra vida, la voz profana la situaba en el futuro: un tiempo terrenal más al alcance de la voluntad y los esfuerzos de los hombres.
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