sábado, 23 de mayo de 2015

CONSTRUIMOS RAZONES...

Construimos razones. En el cumplimiento de ciertos designios y en cada una de nuestras horas, aún las más oscuras, vamos forjando nuestro rostro caminante, distinguiendo retos por vencer y razones por conquistar. Aprenderemos a no debilitarnos por rencores o sospechas, y a reconocer el sentido de cada una de nuestras batallas. Nos propondremos ser maleables frente al tiempo, aceptando que hay errores irremediables y espacios definitivamente cerrados para nosotros. Convertiremos en nuestro mayor reto el vivir cerca de nuestros propósitos. Desconfiaremos de la inconclusión de los propósitos, de los pasos inciertos, de las interrogantes nunca respondidas, del penoso tiempo de las negaciones. Desconfiaremos de la voluntad sin norte, de la falta de ilusiones, de la carencia de compromiso, de los innecesarios apresuramientos, de la falsa inspiración, de la ingenuidad incapaz de reconocerse a sí misma, del resentimiento debilitador, de la fragilidad sin contrapeso, de la atolondrada rebeldía, del inconformismo volcado sobre sí mismo, del incesante desaliento, de la mórbida apatía…
Al margen de muchos despropósitos y paradojas viviremos miedos y sospechas, certezas y esperanzas. Iremos escribiendo nuestra historia al lado de las verdades que nos conciernen. En lugares inusuales –inusuales para los demás, claro- nos sobrepondremos a muchos días informes. Descifraremos alternativas a mucha áspera anécdota y a mucha tediosa rutina. Empeñados en no extraviar ni desperdiciar ningún esencial argumento aprenderemos a sostenernos en la autenticidad de nuestras búsquedas. Permaneceremos fieles a ilusiones en las que construirnos y reconstruirnos, entendiendo que muchas cosas deberán quebrarse o desaparecer antes de poder reconocer su genuino valor, su fundamental importancia. Dependeremos siempre de un porvenir con forma de signo de interrogación.
Alcanzaremos a percibir la armonía a nuestro alrededor y en nosotros mismos. Entenderemos que la plenitud, la felicidad requieren de un acuerdo entre nuestro mundo y el universo que cercanamente nos rodea. Desconfiaremos de voces como “triunfo absoluto”, “logro definitivo”, “perfección”, “éxito”… Propenderemos a escuchar voces que de lejos nombren nuestras horas. Solo bajo la forma de lo continuo nos aventuraremos en el tiempo tratando de no quebrar sus hilos. Continuidad: flujo sostenido hacia una forma de destino, de meta, de conclusión.