La piel como extensión del alma enfrentando lo inexpresivo, lo acechante, lo innecesario, lo estridente, lo simulado...
La piel como entrega al germen de un destino.
La piel como uniformidad a partir de lo desordenado, lo múltiple, lo cambiante.
La piel, acaso un don, una íntima frontera, una elección y una fortaleza en medio de las infinitas aristas del tiempo.