Venturas y desventuras son, por igual, los signos de tu marcha. Con ellos encadenas los eslabones de un tiempo que esclarece o prolonga el misterio de los días.
Serán las palabras tu manera de convertirte en iluso constructor de universos subrepticiamente dibujados, de reconocer la forma de tu rostro y de acercar tu corazón a ciertos manuscritos que abren y cierran sus páginas en torno a designios nunca del todo predecibles.