Acuerdos entre las risas y las lágrimas, oasis en la aridez de mil desiertos, rincones donde los sueños describen las líneas de nuestras manos, fronteras de lo posible y lo deseable, quimeras que no nos abandonan ni en los momentos de mayor vulnerabilidad... Nuestras mitologías nos pertenecen. Permanecen en el alma de nuestras ilusiones, en el día y la noche de aciertos y desaciertos, en el instante donde todos los cielos pudieran abrirse al fulgor de una luz universal. Ellas son mapas de rutas junto a paréntesis y atemporales máscaras con las cuales gravitamos entre el polvo del olvido y el conjuro de alguna forma de destierro.