Ser en la azulada forma de algún cielo y en la roja confusión de cada infierno.
Ser en la vulnerabilidad obligada a escuchar eso que el corazón le dice y en la verbalización del espíritu junto a la coherencia de las intenciones y la honestidad de lo creído.
Ser en el presente que nos desafía y en el acoso de ciertos fragmentos del pasado.
Ser en la palabra que es acto y propósito, en la voz que crea límites a partir de una voluntad que aprendió a elegir, a sumar, a desechar...