viernes, 26 de junio de 2020

ACASO NO EXISTA...

Acaso no exista mejor razón para escribir que nombrarnos junto a verdades y convicciones que, sentimos, pudieran pertenecer a muchos otros, acaso a casi todos.

viernes, 19 de junio de 2020

TODO ERROR ES UNA ENCRUCIJADA...

Todo error es una encrucijada que nos sitúa ante dos opciones: perpetuarlo o corregirlo. La primera nos conduce al ahondamiento de la descubierta -o redescubierta- estupidez; la segunda hacia un forzoso -y a veces doloroso- crecimiento.

viernes, 12 de junio de 2020

AISLARNOS EN EXCESO...

Aislarnos en exceso deforma nuestras perspectivas y comprensiones. Acercarnos demasiado al afuera suele contradecirnos.

viernes, 5 de junio de 2020

PRECOCIDAD

Acaso hoy se valore demasiado la precocidad, olvidando que ella puede -y suele- significar inconsistencia; que es necesario haber vivido y haber entendido para poder dibujar un sentido en el tiempo que somos o estamos destinados a ser; que solo el adecuado aprendizaje de las experiencias permite distinguir lo banal de lo esencial, reconocer la fundamental importancia de la esperanza, protegernos de las decisiones sorpresivas y los apresuramientos innecesarios, resguardarnos de la fugacidad de los propósitos y saber cómo apoyarnos en determinados recuerdos…
La precocidad pagará siempre el precio de la insuficiencia impregnada de autosuficiencia. Ignorará que la vida se halla por encima de todo, alimentándolo todo, supeditándolo todo a ella.
El más importante significado de la madurez: haber aprendido a escoger y a valorar; a construirnos nosotros mismos junto a cuanto nos concierne, reconocer qué rostros de la realidad se relacionan con lo que somos o hemos aprendido a ser.

viernes, 29 de mayo de 2020

DECIR LA ESPERANZA

Esperanza es impulso, orientación, apoyo, respuesta. Es, igualmente, potestad: de hacer, de crear. Imposible vivir sin ella. La esperanza nos sostiene ayudándonos a superar retos, alejándonos del pesimismo, permitiéndonos dibujar propósitos donde divisar destinos. Tiene que ver con imaginación, con la necesidad de fortalecernos en un ideal. La esperanza legitima propósitos. Ella solo es posible en la acción. Carece de sentido en la vaga ilusión o en la pasiva espera. Nos pertenece en la medida en que sepamos alimentarla. Imposible renunciar a ella, imposible dejar de otorgar a nuestros pasos y acciones el más importante de los sentidos: el de la aprobación. Imposible no acompañar con la esperanza nuestra intención de intervenir en el mundo.
      Escoger la esperanza y escoger decirla: una opción para nuestras voces; convertirla en aliento de nuestra voz, en palabra con la cual comunicar razones afirmativas para un tiempo de convivencia.

viernes, 22 de mayo de 2020

DESDE EL ÍNTIMO E ÍNFIMO...

Desde el íntimo e ínfimo espacio de nuestra conciencia nos relacionamos con el mundo descifrándolo a través de perspectivas e imaginarios traductores de nuestra manera de entender, de identificar, de valorar. Percibimos el mundo desde la inteligencia, sensibilidad o lucidez que nos orienta; o desde la imaginación que nos permite soñar, o desde los prejuicios que nos resulta imposible evitar. Vastísimo, asequible o inasequible, inabarcable siempre, el mundo exige de nosotros lecturas que nos lo hagan más comprensible o aceptable. Independiente de nosotros, indiferente a nuestra voluntad y deseos, él existe. ¿Nuestra única manera de aproximarnos a él? Responderle según nuestras posibilidades, reconociéndonos siempre en esas respuestas.

viernes, 15 de mayo de 2020

SOLEDAD Y LIBERTAD

Somos libres al reconocernos en nuestros actos e ilusiones, en nuestras evocaciones y esperanzas; libres al entendernos en nuestra propia historia identificando en ella una manera de hacer, de comprender y de valorar; libres al entregarnos a nuestra soledad salvándonos, así, de mucho merodeo inútil, de mucha inconsistencia.

viernes, 8 de mayo de 2020

EXISTEN ERRORES...

Existen errores colectivos y errores individuales. A la postre, todos se pagan: los unos, destinados a permanecer por largo tiempo en el arrepentimiento de muchos; los otros, en el individual remordimiento de alguien.

viernes, 1 de mayo de 2020

JAMÁS LA IMAGINACIÓN...

Jamás la imaginación debería confiscar nuestra relación con la realidad o distanciarnos de la vida. De lo que se trata es de colocarnos, junto a nuestra imaginación, más cerca de ambas: de la realidad y de la vida.

viernes, 24 de abril de 2020

NUESTROS LOGROS...

Nuestros logros no nos protegen de nuestros errores. Precisamos acercarnos a cada triunfo en íntimo reconocimiento de nuestra vulnerabilidad; sabiduría apoyada en la humildad y la precaución, dentro de límites donde colocarnos en aceptado acuerdo con nosotros mismos.

viernes, 17 de abril de 2020

ESTA VOZ CON QUE VIVO...



Esta voz con que vivo: metáfora de vida, signo de ese tiempo que soy. Me acerca al afuera o me refugia en mis adentros. Su evolución es mi evolución, su silencio mi mutismo y mi derrota. Junto a ella recreo espejismos, asideros, apoyos necesarios… Conjuro con ella la confusión o el desamparo. A su lado convierto cielos e infiernos en referencia. Junto a ella respondo la interminable pregunta que soy.
Esta voz con que vivo: poco a poco fui reconociendo sus significados y alcances. ¿Su principal potestad? Llevarme a distinguir correspondencias entre casi todas las cosas. Se le acercan sin cesar diversos escenarios, incluso la realidad misma puede llegar a parecérsele. Verdadera como los propósitos que enuncia, ella va haciéndose protagonista de una historia en busca de su propio desenlace. Fallarle implicaría mi inconsistencia. Necesariamente próxima a mi vida, ella es alimento y promesa; también finalidad. Con igual entonación expresa realidades y fantasías, entremezcla lo verdadero y lo posible. En sus matices colaboran muchas intenciones. La acompañan, a veces, el reconocimiento de abrumadores errores y algún que otro remordimiento. En su cercanía descifro proyectos esperanzadores.
Esta voz con que vivo: una y otra vez regresa sobre sí misma para contemplarse en su reflejo. Hablo con ella siempre en presente. Junto a ella dibujo palabras desde un ahora que recuerda, imagina, sueña, espera…

viernes, 10 de abril de 2020

LA PRECOCIDAD...

La precocidad suele ignorar que la vida está por encima del pensamiento que se propone ordenarla y de las figuraciones que pretenden ilustrarla. Alimento, origen y esencia, a la vida ha de supeditársele todo. Es necesario, como dice Rilke en sus Cuadernos de Malte Laurids Brigge, “haber visto muchas ciudades, hombres y cosas”  para poder entender, para poder saber, para poder creer. Es necesario haber visto y haber vivido para sentir adecuada, certera y humanamente. La precocidad suele acompañarse de inmadurez, de insuficiencia impregnada de autosuficiencia. Siempre paga un precio: la posible superficialidad, la amenazante frivolidad. Solo cuando el aprendizaje de la vida se convierte en sustento de reflexiones y creaciones podemos hablar de la experiencia como el más valioso y genuino sentido de la creación estética.

viernes, 3 de abril de 2020

COMETER MENOS TONTERÍAS

Repetiré algo que escribí hace algunos años: “Ha llegado para los hombres el momento de limitarnos. La sabiduría del hombre de nuestros días deberá ser la sabiduría de la mesura, de la humildad. Humildad para acercarnos al mundo en vez de alejarnos de él. Humildad para entendernos con nuestro planeta en vez de tratar de modificarlo. Humildad para vislumbrar que lo humano y lo natural son piezas vivas dentro de un mismo sistema cósmico: expresiones de una sintaxis hecha de balances y armonías; de partes esenciales de una totalidad, a un tiempo, coherente e indescifrable. Por mucho tiempo el ser humano se concibió a sí mismo como construcción final y magnífica de un proceso evolutivo único. Hoy el ser humano comienza a reconocer que su protagonismo dentro del tiempo terrestre  es, esencialmente, accidental. No somos los privilegiados destinatarios de la infinitud universal, somos sólo los habitantes temporales de un fatigado planeta: apenas sobrevivientes. Ni hijos de Dios ni extraordinario resultado de una mágica e irrepetible combinación, sólo sobrevivientes... Y desapareceremos algún día, de la misma manera en que un día llegamos ... Efímero humano: nos creímos únicos y nos sabemos, hoy, protagonistas de un tiempo fugacísimo. El papel central del hombre ha sido consecuencia de una serie de circunstancias accidentales, y ese rol protagónico no altera una realidad innegable: todo seguirá existiendo después de que hayamos desaparecido. A partir de esta conciencia efimeral, los seres humanos deberíamos recuperar una humildad perdida. Por siglos, el hombre fue arrogante, demasiado arrogante. Esa arrogancia carece, hoy, de cualquier vestigio de sentido. Es extemporánea y es irracional. La última y necesaria sabiduría del hombre deberá ser la de una humildad que postule, juntas, la sencillez y la imaginación.”
He recordado estas palabras en estos días, cuando me rodean -a mí y nos rodean a todos- una pandemia que pareciera salida de alguna película de catastrófica ciencia-ficción. Un escenario capaz de recordarnos que la humanidad es necesariamente compañera de esa naturaleza de la cual forma parte.
En tiempos desolados como éstos, en medio de un entorno apocalíptico, no hay cabida para el mutismo, y la humanidad está obligada a regresar a ciertas voces reconociendo en ellas la urgencia de lo esencial, de lo necesario, de lo impostergable.
Ante el enfrentamiento con lo amenazador o lo irremediable, los hombres debemos responderle al tiempo aferrándonos a nuevas prioridades convertidas en convicciones y verdades; verdades poseedoras de un nuevo sentido de vida, de acción para la vida. Otras actitudes en la comunicación, en el encuentro entre las razones y los diálogos; una mayor solidaridad en las acciones y en los propósitos.
Es muy frecuente escuchar a quienes, acompañados por una larga memoria, miran hacia atrás y, contemplando el tiempo transcurrido, acompañan su recuerdo con una lapidaria frase: “Si volviera a vivir haría muchísimas menos tonterías”. Enfrentados a su pasado, ya hacia el final del camino, es una conclusión que suele repetirse: “si volviese a vivir haría menos tonterías, cometería menos errores, no me apartaría, como tantas veces lo hice, de lo esencial, de eso que de veras cuenta”.
En estas sencillas declaraciones acaso pueda distinguirse un sentimiento colectivo traducido como: “si logramos superar esto” -o “una vez superado esto”- no deberíamos olvidarnos de lo importante, de lo necesario, de lo humanamente central; ni alejarnos de cuanto contradiga formas de coexistencia menos contaminadas por lo superfluo y lo innecesario, ni mantener una mentalidad frívolamente consumista que nos ocultó la transparencia de verdades y argumentos inapelables, ni dejarnos seducir por dogmas y sistemas de pensamiento negadores de la esencial subjetividad de la persona. 
En suma: si logramos atravesar estos sombríos nubarrones, muchas cosas deberán cambiar para la humanidad; y, al igual que las tonterías reconocidas por tantos individuos una vez terminado el tiempo de su camino, obligarnos los hombres a admitir demasiados errores colectivos, comprometiéndonos con recuperar nuevas prioridades y definiendo lo realmente importante: un significado del tiempo humano apoyado en mayor solidaridad, mayor mesura y mayor armonía.

viernes, 27 de marzo de 2020

ES NECESARIO ENTENDER...

Es necesario entender la política como lo que nunca hubiera debido dejar de ser: el arte de la convivencia entre los hombres. Desconfiar de ella, despreciarla, resulta algo demasiado habitual en nuestros días. Hoy es casi un lugar común confundir política con anti-política: el poder de unos pocos ejerciéndose sobre casi todos, el vergonzoso espectáculo de una minoría oprimiendo o aprovechándose de la mayoría.
Allí donde coexistan grupos humanos siempre existirá política; y es imposible olvidar su esencial realidad: la libertad. Libertad individual y colectiva: un fin en sí mismo, nunca voz vacía o caricaturizada promesa; prioridad y razón de todas las decisiones, de todos los principios y de todas las iniciativas.
Imposible olvidar que política y libertad van necesariamente unidas y que la democracia es el único sistema de gobierno capaz de garantizar esa reunión. Acaso la mayor virtud de los sistemas democráticos sea haber rutinizado el cuestionamiento del poder. El gobernante de hoy, reverenciado, admirado, temido, sabe que será postergado mañana. Percibir que todo mandato tiene un término, al cabo del cual el mandón actual podrá ser olvidado, hace de él un ser mucho más soportable y pasajero, soportable por pasajero.

sábado, 21 de marzo de 2020

LEER EL MUNDO

El mundo como objeto de lectura. Leer significa interpretar a partir de eso que vemos, intuir desde nuestras miradas, mirar comprensivamente o mirar detenidamente o mirar repetidamente. Con nuestras lecturas, construimos nuestra comprensión del mundo: subjetiva, íntima, arbitraria. Lo leemos y reconstruimos de acuerdo a nuestros espejismos, ilusiones, esperanzas, prejuicios... Deformamos lo leído desde nuestra propia subjetividad. Nunca existirá una completa transparencia en nuestras lecturas. Leemos desde el ahora que nos rodea o los recuerdos que no nos abandonan o desde la lucidez que nos orienta o desde la imaginación que nos permite soñar o desde la sensibilidad que es imposible evitar. Leemos a nuestra manera, de acuerdo a un entorno, a un antecedente, a una ilusión. Tenemos razón al creer en una determinada lectura e, igualmente, la tenemos al creer en la contraria. La contradicción es inherente a nuestra humana manera de leer.

viernes, 13 de marzo de 2020

ES MAESTRO...

Nuestra comunicación con el entorno acaso señale nuestra más genuina finalidad humana. ¿De las muchas cosas que del mundo nos transmite, cuáles escogemos comunicar a otros? En nuestros actos, en nuestras voces una intención se repite: exponer una manera de mirar, de entender, de valorar, de creer, de sentir... Expresar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo. Nombrar nuestras respuestas. Escoger cuales énfasis, razones, imaginarios y verdades transmitir… Acto y finalidad de las voces: de su propósito y su destino; eventualmente, destino de esperanza, de significación ética en ciertos diálogos empeñados en vivir un poco por sí mismos, amparados en determinados fines e ideales.
¿Cómo y cuándo nace en algunos de nosotros la voluntad de educar, el deseo de convertirnos en educadores? ¿Qué nos lleva a hacer de nuestra muy humana necesidad de comunicación una profesión? Y, al hablar de profesión, pienso en genuina entrega, opción de vida, compromiso. Comunicación, acaso, de una ética convertida en el apoyo natural de todo conocimiento.
Es maestro quien comunica un saber, quien busca la verdad y enseña a otros a buscarla. Verdad como algo por descubrir; más que la Verdad, así con mayúscula, diversas verdades: de vida, de convivencia; necesariamente relacionadas con un imprescindible sentimiento de libertad. Verdad y libertad se relacionan. La una no podría existir sin la otra. Buscar la verdad, individual y colectivamente, implica la libertad de intentarlo y conseguirlo. Todo buen maestro ha de inculcar en sus discípulos el amor por la libertad. Libertad para elegir, para aprender y querer aprender, para entender, para aceptar iniciativas personales, para seguir las propias intuiciones, para  definir una personal manera de intervenir en el mundo...
Ser maestro entraña una manera de vivir, de saberse en capacidad de influir en la acción de otros. Al educar, el maestro busca respuestas para sí mismo. Interrogando a otros se interroga. Educando se educa. Entiende su aventura como aprendizaje. Hace de sus conocimientos, elección, propósito, convicción. Entiende su destino docente como un permanente despertar conciencias críticas. Su saber ha de apoyarse tanto en su erudición como en su sensibilidad, en su experiencia tanto como en su lucidez, en su inteligencia tanto como en su imaginación. Hace de su curiosidad intelectual punto de partida y compañía de su humano viaje. ¿Su reto esencial? Conservar viva su fe en esos seres humanos a quienes se dirige. Un maestro que no crea en la posible perfectibilidad de sus estudiantes, en su potestad de contribuir de alguna manera en la superación humana individual de ese joven discípulo que lo escucha, no debería nunca dedicarse a la enseñanza.
Todo maestro, constituye -debería constituir- un modelo para esos jóvenes a quienes forma. Convertirse en referente. Llama la atención descubrir en quienes podríamos esperar, por su inteligencia, por su trayectoria y su erudición convertirse en ejemplo y referencia, cometer toda clase de desatinos. Por el contrario, también es cierto que personas de quienes pudieran no esperarse mayores respuestas intelectuales, reaccionar de una manera humanamente ejemplar, y contemplamos en ellos, un ejemplo, una referencia. No fue su formación académica, tampoco su educación, en un sentido convencional, lo que pudo convertirlos en referentes de humanidad, sentido común, profundidad espiritual. Y, sin embargo, su manera de vivir y de aprender de la vida nos habla de una condición que vale la pena escuchar, entender -y, ¿por qué no? imitar-. Son maestros en la plena acepción de la palabra. Seres que, más allá de su formación académica, están en condición de transmitir verdadera sabiduría de vida, aprendizaje de humanidad en el más pleno sentido de la palabra.

viernes, 6 de marzo de 2020

ESPERANZA

Esperanza: tiene que ver con imaginación, con el propósito de fortalecernos en un ideal. Nos pertenece en la medida en que seamos capaces de alimentarla. Es impulso, orientación, apoyo, respuesta; posibilidad de hacer, de proseguir, de entregarnos a la ilusión y a la potestad de crear. Es vitalizadora. Nos sostiene. Nos alimenta. Nos señala una manera de vislumbrar, de apostar por cuanto identifique nuestra visión de lo humano.
Actuamos movidos por una esperanza que dé un sentido a nuestros fines, valide nuestras acciones; nos fortalezca en la intención de superar retos, de apartarnos del pesimismo, de dibujar un significado a esos proyectos en los que -acaso desde siempre y tal vez inconscientemente- imaginábamos divisar la forma de un personal destino.
La esperanza legitima propósitos. No podría dejar de relacionarse con la realidad. Ella solo es posible en la acción, en los propósitos por cumplir. Carece de sentido en la sola ilusión o en la pasiva espera. Sola nunca ganará luchas, pero sin ella cualquier lucha flaquea.
Escogemos la esperanza y escogemos decirla; compartirla. Opción de vida y opción para nuestras voces: esas palabras que escogemos transmitir a otros. Con ellas comunicamos esperanza traducida en ciertas razones de nuestro tiempo individual y en ciertos ideales de convivencia.

viernes, 28 de febrero de 2020

UN PARTICULAR ESPACIO


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Propongo una definición de Universidad: lugar donde se vive por y para la búsqueda del saber; o de una necesaria actitud hacia él apoyada en el rigor, la ética, la perseverancia, la creatividad… El destino de todo saber es la comunicación; una comunicación apoyada en la verdad de lo humano y dirigida hacia una exploración de lo necesario y lo posible.
La universidad es una de las más grandes creaciones de la civilización occidental. Institución dedicada al intelecto, a la permanente comunicación entre dos seres: maestros y discípulos; éstos, dispuestos a aprender; aquéllos, dispuestos a transmitir su saber. Creadas en el siglo XII, las primeras universidades fueron concebidas como sitio de destino, jamás lugar de paso. Ellas eran la meta definitiva de seres empeñados en convertir la enseñanza en la razón de sus vidas. El ideal que las acompañaba interpretaba viejísimos sueños humanos: reunión de saberes y aprendizajes, utopía del saber, jauja del conocimiento.
Además de autónoma, la universidad medieval aspiraba a ser original. Se asumía como un mundo dentro del mundo: con sus propias leyes. Al igual que otros espacios de esa época, pretendía simbolizar un universo hecho de unidades que aspiraban al absoluto: feudos, monasterios, ciudades y castillos eran representaciones fragmentadas de la totalidad del cosmos, pequeños cosmos ellos, a su vez.
El aislamiento de la universidad fue, tal vez, una secuela de su proximidad a conventos y monasterios. Los copistas de los conventos eran custodios de la sabiduría del tiempo pasado. Su misión era proteger el conocimiento del vaivén de las épocas, de la precariedad y los peligros de un mundo entregado a su propio azar. Las primeras universidades impusieron importantes diferencias con esos conventos. Se acercaban a la ciudad, al mundo y al tiempo de los hombres. Su destino ya no era almacenar saber sino producirlo, comunicarlo. La sociedad era el destinatario natural de ese conocimiento. El saber de muy pocos de una Edad Media agonizante, daba paso al conocimiento de un tiempo de nuevas miradas y diferentes valores.
Desde su nacimiento, las universidades tuvieron clara conciencia de su designio: ser formadoras de quienes preservarían la memoria y los saberes de su época. Sociedad y universidad evolucionarían paralelamente. La universidad simbolizaba el nuevo mérito de la inteligencia y el conocimiento como fuerza y herramienta de poder.
Los ideales universitarios, se comprometían con la verdad y el saber; también, con una actitud crítica ante cualquier poder. Libre, necesariamente libre ante las fuerzas que la rodean, la universidad siempre ha carecido de poder propio. Y es fue y es su potestad; potestad precaria: la acecha constantemente el peligro de verse vulnerada desde poderes externos.
La forzosa visión de una autonomía universitaria evoca, por una parte, las viejas prerrogativas de las universidades medievales; y, por la otra, la urgencia de nunca ceder un ápice de su libertad a la intromisión indeseada de Estados o Mercados. La defensa de su autonomía, que es lo mismo que decir la defensa de su dignidad y de su protagonismo social, siempre será su principal desafío.
       A la universidad acuden jóvenes que se acercan a la vida, junto a una voluntad deudora de ilusiones y proyectos. Alentar ambos es la misión de maestros encargados de propiciar el encuentro de cada estudiante consigo mismo y con su entorno. Tres esenciales propósitos educativos distinguen a toda universidad digna de tal nombre: comunicar saberes relacionados con su tiempo presente; desarrollar en el estudiante una visión amplia, desapasionada y crítica; y, por último, fomentar en ellos una ética identificada con una necesaria sensibilidad social. Para eso será absolutamente necesaria la presencia en la Universidad de eso que comúnmente se conoce bajo el término general de “Humanidades”.
Humanidades, conocimiento humanístico: saber siempre cercano al hombre, a sus inalienables derechos;  sinónimo de apertura, de tolerancia, de inclusión, de democracia. Conocimiento antagónico a toda forma de sectarismo, de pensamiento único, de ideologización, de deshumanizado mercantilismo…
La universidad prepara al estudiante para ejercitarse en una profesión entendida como la concreción de su creatividad, de su inteligencia, de su sensibilidad. No es posible acercar muy tempranamente al individuo a la conciencia de una posible vocación. Es algo que solo puede llegar tras cierta esencial madurez en la persona. Acaso sea el tiempo universitario, ese momento crucial cuando el joven, dejada ya atrás esa niñez que pudo hacerle creer -si fue afortunado- en una condición céntrica merecida simplemente por ser él, entra en una nueva etapa de su vida, generalmente compleja, ardua, en la que comienza a convivir con el mundo real. Es el momento en que el llamado vocacional empieza a surgir o a manifestarse más contundentemente. Es también el momento cuando el joven comienza a comprender su destino de convivencia.
Con su perentoria esencia democrática, la universidad está obligada a un doble reto: ayudar al joven a su propia construcción personal y mostrarle la correspondencia entre sus decisiones y proyectos junto a un insoslayable entorno social.

viernes, 21 de febrero de 2020

VOCES DE ESPERANZA


Esperanza: imposible renunciar a ella. Nos pertenece en la medida en que sepamos alimentarla. Es impulso, orientación, apoyo; también respuesta vital, culminación de aprendizajes; deseo de hacer y de seguir haciendo; reconciliación constante con la realidad.... Como ímpetu o aliciente, la esperanza nos anima a proseguir esfuerzos y a concretar propósitos. Sin ella todo proyecto se debilita.
Esperanza en la voz escrita, en su destino, en la oportunidad de sus testimonios, en su posible refutación del silencio y la indiferencia. Esperanza en que nuestras voces puedan encontrarse con las voces de  muchos otros, en que nuestros dibujos del mundo puedan tener sentido para otros diseños, en que algunas metáforas con que ilustramos nuestra existencia puedan ser metáfora de otras existencias.
Esperanza en merecer las palabras que compartimos con otros. Que ellas sean testimonio de esa realidad que calificamos, bautizamos, valoramos; que nunca nos alejen del mundo y puedan significar siempre el comienzo de algún diálogo.
Esperanza en la palabra sostenida con fe ante el mensaje nombrado, en el humano sentido de la comunicación, en la actitud hacia las voces convertidas en reto, apuesta, compromiso; voces hecha de vida y de expresiones de vida, voces pronunciadas, escritas, siempre a partir de un propósito de oportunidad y permanencia.