viernes, 28 de marzo de 2025

En el oscilante término del tiempo...


En el oscilante término del tiempo invoco, en medio del fuego y la ceniza, el sentido de memorias, sueños y respuestas. Brotan muy diversos imaginarios alrededor de mis voces viviendo al interior de necesarias fronteras. Vivo junto a esas voces. En ellas me busco y me afirmo en todo cuanto pudiera tener sentido: en el dibujo de un rumbo, en mi descripción del mundo, en la evocación del alma que es cobijo para sí misma, en la verbalización del espíritu negándose a ser cuerpo.

viernes, 21 de marzo de 2025

Ser ...

             Ser forma, ser acto, ser presencia, ser intención, ser alusión e ilusión... Ser el desafío y la respuesta, el inicio y la conclusión, lo distante y lo próximo, lo irrealmente preciso y lo nítidamente real.  Ser en los días buenos y en los malos, en la ilusión y en la desesperanza, en la azulada forma de los cielos y en la roja confusión de cada infierno.  Ser el centro que sostiene. Ser la  afirmación y la supervivencia. Ser la promesa y la certeza.

viernes, 14 de marzo de 2025

Muchos días y muchas noches...

         Muchos días y muchas noches predijeron voces que son hoy, bien hojarasca, bien dibujo de nuestra alma.

viernes, 7 de marzo de 2025

Crudamente, Paul Valéry habló alguna vez...

         Crudamente, Paul Valéry habló alguna vez de cierta terrible y muy humana contradicción entre el “sentimiento de serlo todo y la evidencia de no ser nada”. La escritura quizá ayude al ser de palabras a convertir el espejismo de “serlo todo” en un vigoroso conjuro contra la otra cara de la afirmación: la “evidencia de no ser nada”. Tal vez el escritor precisa sentir que, gracias a su escritura, logra escapar de la anulación y acercarse al espejismo de serlo todo o, al menos, de ser algo. Intuye que en su obra está dibujada su posible perdurabilidad, el significado de su rostro y de su nombre; la posibilidad de prolongarse hacia un afuera y, sobre todo, hacia un después.

lunes, 24 de febrero de 2025

Escritura para...

             Escritura para asomarnos al mundo y explorarlo desde la particularidad de nuestra subjetividad interior, de nuestra mirada y nuestra palabra. Pero, con esa palabra nuestra… ¿Decir qué? Principalmente esas verdades y esas convicciones que fueron dando forma a nuestro tiempo, a nuestra propia realidad. Escribir nos permite relacionarnos con el mundo desde una voz surgida de un centro que somos; morada poblada con nuestras creencias y sueños, con nuestras ilusiones y recuerdos, con todo eso con lo que, de una u otra forma, respondemos a la vida. Y se trata de hacerlo con voz que sea una, una sola y siempre la misma. Tal como lo veo, la escritura no podría nunca dejar de reunir dos realidades: de un lado, dibujar palabras con las que expresar imágenes e ideas; del otro, convertir las voces en finalidad en sí mismas.

Suele definirse a la escritura como el más solitario de los oficios, y al escritor como un ser naturalmente obligado a la soledad. Afirmación muy cuestionable. Si bien es cierto que solitariamente escribimos, lo hacemos siempre con el convencimiento de un destino y de un destinatario para esas voces nuestras encargadas de expresar verdades que nos resulta imposible callar; imperativo de colocar nuestras palabras al servicio de la comunicación de ciertas respuestas a la vida.