lunes, 6 de noviembre de 2017

NUESTRA ÉTICA...

Nuestra ética: temple construido por muchas vivencias; significado de propósitos y comportamientos, legitimación de actos y pasos, y, por sobre todo, expresión de humanidad. Nuestra ética nos define y nos defiende. Gracias a ella la memoria se hace diseño de respuestas y de verdades, cartografía de una realidad que no solo nos pertenece sino que además debiera justificarnos. Asocio también la ética con el empeño por conservar nuestra curiosidad manteniendo vivo el propósito de aprender, de iniciar proyectos, de ampararnos en nuevas ilusiones, de permanecer comprometidos con opciones que fuimos haciendo nuestras, de entender que jamás dejaremos de ser aprendices de la vida.

La ética bien pudiera señalarnos, también, el rumbo hacia esa felicidad que reconocemos como único destino posible para nosotros. De todas y cada una de nuestras experiencias la ética nos permite extraer un aprendizaje conducente a una nueva verdad, un significado más, una legitimación necesaria. Legitimar, legitimarnos… Verbo central dentro del camino de la vida, acción que entraña la consolidación de un tiempo que construye un orden, dibuja una temporalidad que suma espacios y tiempos reunidos al interior de una memoria que busca hacerse argumento. Ética y tiempo, ética y espacio: correspondencias que vuelven habitable nuestro mundo; que conquistan para nuestra realidad la superación posible del azar, del aleatorio capricho de lo impredecible.

lunes, 30 de octubre de 2017

DIOS DE CADA QUIÉN...


Dios de cada quién, dios en el día a día conquistado guiando el destino de alguna personal convicción…

lunes, 23 de octubre de 2017

NIETZSCHE DEFINIÓ CERTERAMENTE...

Nietzsche definió certeramente una de las principales máximas del camino: “lo que no te destruye te fortalece”. Si no es destruido y logra continuar su marcha endurecido por la superación del error o la asimilación del fracaso, el caminante se afirmará sobre experiencias traducidas en aprendizaje.
Fuerza del caminante capaz de extraer del camino cuanto pueda enriquecerlo.
Afortunado el caminante que logre reunir certeramente arrojo y lucidez.
Construir para luego destruir: pesada carga del caminante torpe o demasiado seguro de sí mismo.
Opuesta a la imagen del caminante está la del transeúnte. Mientras aquél ha sabido otorgar un sentido a su tiempo y un significado a cada uno de sus itinerarios, el transeúnte no es sino un dilapidador de tiempo; un sumador de desplazamientos que son desordenada acumulación de eventos, pasos y actos.