lunes, 19 de noviembre de 2012

LA GUERRA Y EL ARTE DE NUESTRO TIEMPO


Recuerdo, de niño, haber devorado una serie de ediciones especiales que la célebre revista Life dedicó, hacia mediados de los años sesenta, al tema de la Primera Guerra Mundial. Mes a mes mis padres compraban la célebre revista donde aparecían imágenes de aquella espantosa carnicería: trincheras repletas de barro en el que se arrastraban los soldados, espacios lunares de devastación a causa de los obuses, montañas de cadáveres apilándose en el barro, interminables filas de soldados ciegos a causa del gas mostaza...
Muchos años después, en mis estudios de arte, y acaso en muy estrecha relación con aquella evocación infantil, me sentí atraído por algunas de las obras de los expresionistas alemanes que habían participado en la Gran Guerra. Especialmente, las de Otto Dix, quien vivió por más de tres años el infierno de las trincheras. Dix no pinta héroes ni la epopeya de la guerra. Dibuja cuerpos destrozados; apenas bultos sin identificar, informes amasijos de uniformes y carne y huesos y sangre. Muestra un universo de víctimas: la otra cara de la modernidad y del progreso: todopoderosas industrias al servicio de la muerte; producción masiva de armamentos: ametralladoras, obuses, gases. Violencia y horror provenientes de las prósperas fábricas de los países más industrializados. Dos años después de la rendición de Alemania, en 1920, concluiría Dix su memoria personal de la guerra con una serie de dibujos que tituló Mutilados de guerra: excombatientes lisiados obligados a pedir limosna, prostitutas, huérfanos, muchedumbres famélicas…
En otro espacio artístico, el fotográfico, al pensar en la representación de la guerra, es difícil no recordar a quien seguramente fuera su más célebre testimoniador: Robert Capa. A lo largo de veinte años Capa fue siguiendo la guerra por todo el mundo: la Guerra Civil Española, en China contra los invasores japoneses, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Independentista de Israel, la Guerra Franco-Indochina... El gran protagonista de las fotos de Capa es el sufrimiento grabado en el rostro de las víctimas. El artista sabe, siente, que su papel no puede, no podría ser otro que el de comunicar un sufrimiento que evoca lo apocalíptico.

domingo, 18 de noviembre de 2012

SIGNOS A MI ALREDEDOR...


Signos a mi alrededor que se niegan a desaparecer. Trazos que permanecen con viscosa ubicuidad. Ponzoñosos, desagradables, evocan errores cometidos. Inútil tratar de borrarlos. Sólo cabe esperar que el tiempo logre extinguirlos. Pero el tiempo es caprichoso y muy rara vez complace mis deseos. Quedo, pues, a merced de esas señales empeñadas en no ignorarme. El muy racional propósito de que sea yo quien las ignore es muy difícil de cumplir; y así, enquistadas en las entrañas mismas del día a día, esas venenosas señales contaminan ilusiones y proyectos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

EL CULTO A LO HEROICO...


El culto a lo heroico acaso sea la principal característica de un universo castrense muy poco humano y, por lo general, sustentado sobre la erradicación de toda forma de individualismo. Universo saturado de uniformes y uniformidades, de estandartes e himnos, de obediencias y consignas. Recuerdo esa extraordinaria escena de la película de Stanley Kubrick Full metal jacket (1987), en la que un joven recluta es forzado a los más humillantes extremos por uno de esos sargentos a los que tan acostumbrados nos tiene el típico anecdotario militar: rudo, brusco, agresivo, viril; perfecto ejemplo del guerrero maduro absolutamente capaz de convertir a cualquier soldado bisoño en futuro combatiente, infligiéndole toda clase de humillaciones. Con extraordinaria maestría, Kubrick parodia todo esto en ese desgarrador momento del filme cuando el humillado recluta descerraja un tiro sobre el sargento antes de dispararse a sí mismo. Es la otra cara de los códigos “heroicos” la que, en guiño cómplice, muestra Kubrick a los espectadores.
Recuerdo otra película de Kubrick: Senderos de gloria (1957). Sobre ella, su director en una entrevista declaró que la consideraba no una película anti-belicista sino un manifiesto contra "la ignorancia autoritaria". Una “ignorancia” cruel fortalecida en la manipulación de un culto a la muerte asentado sobre nociones de valentía, nacionalismo, sacrificio... En esa misma entrevista, añadía Kubrick: “Con todo su horror, la guerra es puro teatro.” El teatro de la guerra; o lo que es lo mismo: el teatro de la muerte: deshumanizante trama que banaliza la vida en la glorificación de la muerte.
En su extraordinario ensayo, “La ideología de la muerte”, su autor Herbert Marcuse señala: “La sumisión a la muerte es sumisión al señor de la muerte: a la polis, al Estado, a la naturaleza o al dios. El juez no es el individuo, sino un poder superior; el poder sobre la muerte es también poder sobre la vida.” Como apunta Marcuse: se trata de conquistar la vida, no en nombre de obediencias a poderes que la manipulan minimizándola, sino de vivirla por ella misma. La visión de Marcuse es irrefutable: una vida que asuma en la muerte el significado para sí, es una vida miserablemente desperdiciada.
La manipulación de los creyentes a través de la rotundidad de las creencias no es algo exclusivo del mundo militar. Se dibuja en toda forma de fe empeñada en reducir al ser humano al tamaño de un lema, una obediencia, un símbolo, un código. Con igual ceguera, todo cosificado obediente propende a compartir dos actitudes: la negación de los otros y la extrema simplificación del propio yo.

viernes, 16 de noviembre de 2012

LA ESCRITURA: UNA FORMA DE JUEGO


No importa que tan solemnemente se la considere, al igual que cualquier otra expresión artística, la escritura es una forma de juego; trascendental juego de palabras que llega a convertirse, para quien decida jugarlo, en una manera de vivir o de ayudarse a vivir.

jueves, 15 de noviembre de 2012

DIOSES Y PALABRAS


El Enuma Elish describe el tiempo más remoto como aquél en el cual los dioses y las palabras aún no existían. El antiquísimo texto relaciona, en una misma imagen, un mundo sin voces y un cielo sin dioses. Dioses y palabras fueron, pues, los iniciadores del mundo humano. De alguna manera, la llegada de los dioses significó algo muy parecido a la llegada de las palabras: una respuesta de los hombres al vacío, a la informidad, a la oscuridad. Dioses y palabras, fueron el nacimiento de los signos y las representaciones; el punto de partida de una ritualización que, desde entonces, ha permitido a los hombres identificar en el mundo un sentido y, sobre todo, entender la significación de su presencia en él.

martes, 13 de noviembre de 2012

VOLUNTAD DE ACERCAR...


Voluntad de acercar mis palabras a mi vida hasta lograr que las dos se correspondan, de buscar un sentido a mis palabras relacionado con esa ruta que avizoré diseñada sólo para mí.