Escritor, ensayista, poeta y docente venezolano. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Mariano Picón Salas del Ministerio de la Cultura de Venezuela en 1992, fue miembro del jurado de dicho premio en la edición de 1993. Igualmente fue miembro del jurado del Premio Internacional de Cuento Francisco Herrera Luque y Presidente del I Congreso de Legislación Cultural Municipal, realizado en en febrero del año 1993 en la Universidad Simón Bolívar.
sábado, 28 de agosto de 2010
LAS IDEAS
lunes, 23 de agosto de 2010
VIVIR ES JUGAR UN JUEGO...
domingo, 22 de agosto de 2010
EL SER DE PALABRAS VIVE ENTRE SU LUCIDEZ Y SU IMAGINACIÓN...
viernes, 20 de agosto de 2010
RIGOR DE ESPEJOS
Antes de desaparecer, sombra entre sombras, quiero, con fuerza, vivir el día aciago/aventurero, esplendente/oscuro, fértil/estéril; impregnarme de la luminosa esfera que me rodea entre márgenes, preludios y finales, en medio de puntos siempre suspensivos...
Voluntad de sobrevivir en la imaginación y en el instinto. Voluntad de acometer con fe la quimera de los días. Frágiles puentes atraviesan distintos acantilados. Me esfuerzo en atravesarlos todos. Camino sobre esas débiles estructuras que lucen incapaces de soportar peso alguno.
Ni clausura ni ensimismamiento: recorrer todos los rumbos, transitar todos los caminos. Me interrogan, indescifrables, las voces de indescifrables rostros. Máscaras se reflejan en el efímero espejo de mi acción. Trato de refugiarme en la intemperie de los días. A medida que avanzo me hago sombra. Un oráculo repite que nadie es profeta en su tierra. Rodeado de recelo siento, también, recelo. Nos hemos quedado solos, dice el fantasmal guardián de mis laberintos. No hay soledad real, respondo.
El horror al vacío describe el temor a contemplar la nada cara a cara. La soledad quiebra el vínculo del remordimiento o la inocencia. Las voces que sin cesar ahuyento vuelven siempre. Sueño espacios clandestinos sólo míos. Me escondo en la quietud oscura, me aparto del ruido y del resplandor. En mi espacio cerrado a casi todos, abierto a casi nadie, me muevo entre tientos; sin cesar, palpo imágenes con sabor a encierro. Ensimismada soledad, perfil huraño: silente, ciego.
Al margen de un tablero de ajedrez, coloco mis ilusiones. Recorro tiempos que me justifican, lejos de otros, lejos de todos. Viejas quimeras dormitan en los rincones del presente. Más firme la duda que la certeza, deshago mis pasos sobre asombros superpuestos.
Carezco de respuestas. Sólo poseo el asombro ante cada instante y el respeto hacia lo que no puedo explicar. Nunca podré estar seguro de mis rumbos ni de mis pasos sucesivos ni de mis días en tanta noche desdoblados...
He seguido caminos deteniéndome sólo en mi cansancio. He bebido agua en el cuenco de mis manos. He llevado conmigo la incertidumbre de mis tientos (impotencia del dios furtivo que llevo por dentro). Incansable, transito instantes encerrados en la esfera de su propio sentido irreverente...
A veces, me rodea en la vida una sensación de fraude. Esa sensación me va convirtiendo, poco a poco, en un ser de frontera: solitario heredero de circunstancias sólo mías. Soy huérfano de los días precedentes y fantasma de los días venideros. Soy voz perdida en la vastedad del tiempo. Soy hijo de mis propias circunstancias. Soy encuentro de confusos finales y confusos principios.
Abiertos los cinco sentidos a las imágenes que el mundo trae hasta mí, me muevo en escenarios donde aguardan retos y sorpresas, decepciones e incertidumbres, rutinas y prodigios, hastíos y esperanzas. No existe la experiencia inútil. Todo es hallazgo, marcha indetenible hacia un final confuso. No hay destinos predecibles: lo sorpresivo termina por imponerse casi siempre. Nos movemos a tientas dentro de las rutas emprendidas. Extraña sensación de no saber hacia donde nos dirigimos. Sólo hay una respuesta posible: jugar el juego siempre, jugar el juego hasta el final.
¿Aceptar condiciones? Todos lo hemos hecho, todos lo hacemos, todos lo haremos... La vida es pacto y es acuerdo. Vivir es caminar hacia un espacio único y en el camino ir dibujando ese signo nuestro y sólo nuestro que se llama destino que se llama karma; sus trazos son el error y el acierto, la fe y el miedo.
Interminablemente optar, interminablemente decidir; ordenar espacios e intereses, afectos y rechazos, imágenes y razones. Vivir es escoger y saber vivir es ir aprendiendo a escoger.
Sobrevivimos en la áspera dureza de instantes clavados en nuestro cuerpo-espacio. Sobrevivimos a las caras y a los torsos que nos rodean. Sobrevivimos en el interminable monólogo que reproduce ante nosotros la vastísima ilusión de lo posible.
Impulsado en la inercia de mis propios movimientos, hago y rehago mis pasos. La vida es juego, pero si ignoro sus reglas estoy perdido. Ella posee muy particulares formas de lógica: en principio, pareciera que no tiene por qué ser justa pero en general parece propender a serlo.
Enmascaramiento, supervivencia, manipulación: palabras ásperas como la elección que representan: ¿ser rostro o máscara? ¿verdugo o víctima? Los espejos recogen ahoras interminablemente sucesivos. Ahoras que permanecen como recuerdos o pesadillas o entelequias. Por mi parte, trato de conservar la lucidez y, para probarlo, escribo.
jueves, 19 de agosto de 2010
EL SER DE PALABRAS SABE QUE SI LOGRA CONSERVAR SU LUCIDEZ...
miércoles, 18 de agosto de 2010
A VECES, EL SER DE PALABRAS SE TRAICIONA A SÍ MISMO...
viernes, 13 de agosto de 2010
LAS PALABRAS HAY QUE MERECERLAS
martes, 10 de agosto de 2010
HE CITADO ALGUNA VEZ LA DECLARACIÓN DE BORGES...
domingo, 1 de agosto de 2010
Vulnerabilidad
martes, 13 de julio de 2010
LAS VOCES TIENEN SU MOMENTO...
lunes, 12 de julio de 2010
Paul Valéry y las razones de la escritura
Alguna vez enumeró Paul Valéry las tres razones que él creía que llevaban a alguien a escribir: la primera, procurarse placer y alegría; la segunda, lograr que muchos individuos llegasen a conocer su nombre; y la tercera, conseguir, a través de la escritura, un genuino conocimiento acerca de las cosas sobre las que escribía. En mi propia interpretación de las palabras de Valéry: la escritura está allí para permitirnos hacer con ella lo que nos venga en gana. Y una opción será, precisamente, utilizarla como expresión de un saber sobreviviente que nos permite, junto a nuestras voces, conjurar la aspereza de un camino en el que siempre existe la amenaza de la desorientación o el desvanecimiento.
Mundo interior y mundo exterior
sábado, 10 de julio de 2010
EL SER DE PALABRAS SE MUESTRA, QUIERE SER ESCUCHADO...
El ser de palabras se muestra, quiere ser escuchado. Quiere y necesita decir y quiere ser entendido por eso que dice. Suele ser, también, orgulloso: de su palabra, de su voz. Sólo que su orgullo es interior, nunca abiertamente postulado ante los otros. Si así fuese, se convertiría en necia presunción, pretensión pueril. Su orgullo debe nacer, sobre todo, de sus propias convicciones, de sus acuerdos interiores consigo mismo, de su aceptación de pasos propios y de propias búsquedas. Debe ser un orgullo tenue, personal, solitario. Un orgullo que, en ocasiones, es también su única defensa.
El ser de palabras vive su búsqueda en estricta soledad. Soledad y silencio son sus aliados fundamentales. En medio de ellos, se descubre a sí mismo y conjura la indescifrabilidad de lo exterior para aferrarse a sus descubiertas o intuidas opciones. La soledad del ser de palabras le sirve, más que para abstraerse del mundo, para descubrir ciertas peculiaridades del mundo dibujándose en su propio rostro y para ordenar los territorios de su conciencia. Con la soledad llega, también, el aislamiento y el asilo. Sobre todo el asilo: éste lo previene de cuanto puede ser fortuito y circunstancial, y lo fortalece ante lo imprevisible. El asilo le permite conjurar diversas inseguridades y temores: al fracaso, a la anonimia, al desvanecimiento. Escribir es, para el ser de palabras, una manera de asilarse en sí mismo, de permanecer dentro de un orden que le permita ciertas íntimas formas de coherencia. En el asilo el ser de palabras reconoce sus espacios, aprende de sus recuerdos y define su significación presente.