viernes, 15 de marzo de 2019

UN INFATIGABLE HABLADOR


El comienzo venezolano del año 2019 significa el triste final de un imaginario. La Revolución (o, en el caso venezolano, la revolución, así con notoria minúscula) concluye junto al espectáculo de una nación languideciendo en la más espantosa inopia. Tras casi una semana sin luz ni agua, fallecen enfermos en los hospitales, se recogen de las aguas infestadas de materias fecales del río Guaire el líquido necesario para hogares a los que, desde hace meses, no llega el agua.
En el año de 1999, conquistada la primera magistratura nacional, aparece en la historia venezolana una figura que, de alguna manera, evoca ciertos personajes de nuestro siglo XIX. Seres caudillescos, carismáticas individualidades a las que este nuevo gobernante quiere emular. Rápidamente los venezolanos descubrimos su esencial potestad: no la valentía ni la acción guerrera real; únicamente la habilidad de hablar y de hacerlo durante horas, durante días, durante meses, durante años. Hablar y hablar a lo largo de todos y cada uno de sus desgobiernos caracterizados, precisamente, por una inagotable elocuencia reflejada en las pantallas de televisión.
Hablar y hablar y hablar: ofreciendo, anunciando, prometiendo, garantizando, publicitando todo cuanto pueda imaginarse: construcción de puentes, de autopistas, de ciudades, de fábricas de toda índole (de helados, por ejemplo, como la anunciada “mayor fábrica de helados del mundo, Copelia”, que habría de inaugurarse en la yerma península de Paraguaná); de hablar sobre la transformación del orden mundial, sobre un futuro planetario regido por una revolucionaria Venezuela.
Era la transformación de las antiguas acciones guerreras de los viejos jefes de las montoneras de antaño en eyección infinita de vocablos -siempre en creciente diapasón- acompañados del infaltable aplauso de los entusiastas del griterío del nunca silente personaje. Caudillo de las palabras, amo y señor de los gestos, dueño de los desplantes, artífice de ilusiones sin relación alguna con la realidad, el teniente coronel Hugo Chávez jamás disminuyó la fuerza de sus gritos, de sus énfasis, de sus infinitas alocuciones.
Al amparo de esa voz inextinguible proliferaron todas las formas imaginables de corrupción, de abusos de poder, de engañifas, de inimaginables torpezas e incompetencias, de equivocaciones irreparables. De esta manera, y con una última alocución designando a ese sucesor suyo que hoy en día hunde en la absoluta miseria a Venezuela, hemos llegado a este “llegadero” final de los sueños socialistas, a esta conclusión de promesas revolucionarias, ahogadas y desvanecidas en este presente venezolano de comienzos del año 2019.

viernes, 8 de marzo de 2019

UNA FALTA DE EDUCACIÓN NACIONAL...


Una falta de educación nacional traducida en ausencia de valores, carencia de ética y principios deformados por muchos años de erradas perspectivas fue, en gran medida, la causante de la llegada al poder de ese extraño personaje a quien la historia colocará entre ciertos curiosos fenómenos humanos producidos de tiempo en tiempo.
Hugo Chávez: teniente coronel empeñado, desde el principio de su gobierno, en cambiar el nombre del país, volcado a la aberrante tarea de enfrentar a los venezolanos unos contra otros; igualmente, culpable de pervertir la política, el arte de la convivencia, en instrumento de disolución social, en cohabitación imposible, en irracional y perpetuo conflicto, en suma interminable de oportunidades perdidas, en desperdicio infinito...
Una falta de educación nacional fue, igualmente, culpable, junto a la entronización de Chávez, de la instauración de ciertos estigmas surgidos de las más recónditas profundidades de nuestro tiempo venezolano…  

viernes, 1 de marzo de 2019

ENSEÑAR...



Enseñar al estudiante a ser responsable, capaz de elegir, reconocer lo esencial. Hacerlo consciente de la realidad en que vive. Enseñarle respuestas útiles, pensamiento crítico. Enseñarle a conocerse a sí mismo. Enseñarle a aprender…