La desconfianza hacia los absolutos pareciera muy
vieja en nuestra cultura occidental. Ya en sus Confesiones, San Agustín
recomendaba a los hombres no perderse en la indescifrable vastedad de los
afueras sino orientarse sobre todo en su propio mundo interior. Muchos siglos
después, Miguel de Montaigne descreyó de los absolutos. En sus Ensayos propuso mirar y entender siempre
desde la propia experiencia y la propia ética; y, desde ellas, hallar
respuestas a sus principales preguntas. Así, afirmó alguna vez haber escrito
toda su obra desde una sabiduría “del repliegue”. Una sabiduría del tiento, de
la mesura, de la interminable incertidumbre. Fue, en fin, un pensador moderno
que supo mostrar que la razón estaba para ayudar a los hombres a entender y
entenderse a sí mismos. Una y otra vez, regresó Montaigne al viejo dicho de
Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”; lo que, en modo
alguno, suponía afirmar que el hombre fuese el centro de todo; sino, más bien,
destacar que mientras el destino humano había reposado en la voluntad de un
Dios todopoderoso e inalcanzable, sus grandes preguntas sólo podían ser
respondidas por ese Dios; pero cuando las preguntas pasaron a pertenecernos a
los hombres, entonces tocó a ellos mismos responderlas. Y tal vez allí comenzó
la percepción humana de una nueva vulnerabilidad: moderna, emparentada a
sentimientos de soledad emparentados a la ausencia los dioses o a la
desaparición de Dios.
Escritor, ensayista, poeta y docente venezolano. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Mariano Picón Salas del Ministerio de la Cultura de Venezuela en 1992, fue miembro del jurado de dicho premio en la edición de 1993. Igualmente fue miembro del jurado del Premio Internacional de Cuento Francisco Herrera Luque y Presidente del I Congreso de Legislación Cultural Municipal, realizado en en febrero del año 1993 en la Universidad Simón Bolívar.
jueves, 10 de diciembre de 2015
martes, 1 de diciembre de 2015
RECONOZCO... Y...¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
"Reconozco que preciso contemplar el mundo junto a alguien cuya
mirada acompañe la mía. Reconozco la imposibilidad de transitar solo por entre
tanto instante sin sentido…"
¡Feliz cumpleaños, Irma!
LA DROGA...
La droga: una metáfora de la cobardía humana, del miedo a la
libertad o a la imposibilidad de enfrentar la libertad; una falsa respuesta. En
su consumo acaso encarna
cierta necesidad del hombre contemporáneo por escapar al temor o la inseguridad
ante demasiada carencia de razones y frecuentes sentimientos de vulnerabilidad
sin escapatoria. En fin: una metáfora del miedo y una secuela de la creciente
inhumanidad de lo humano.
martes, 17 de noviembre de 2015
HABLÓ NIETZSCHE...
Habló Nietzsche de ese sitio personal e íntimo que vamos
construyendo a lo largo de nuestra vida y que termina por convertirse en una
mezcla de cobijante morada y prisión; espacio desde contemplamos el mundo que
nos rodea e íntimamente vivimos dentro de ese universo que somos o creemos ser.
Guarecidos en nuestro centro, en esa morada limitadamente nuestra; lugar que
es, a la vez, fortaleza y atalaya, miramos hacia el afuera tratando de
entenderlo, de sobrevivirlo, de crecer en él.
Mi espacio, mi centro: sitio esencialmente construido por mi
tiempo; por ese tiempo dibujado por mi memoria. Soy lo que es mi memoria. Ella
da forma a mi existencia, a mi
percepción sobre la existencia. A veces acicate, a veces desaliento, en
ocasiones arbitraria, la memoria es siempre ilustrativa. Incluso, en su
imposición de ciertos recuerdos, pareciera cobrar vida propia. Al tiempo que
nos acompaña, ella no cesa de confrontarnos con nosotros mismos; en ocasiones
trayendo hasta nuestro presente recuerdos que preferiríamos olvidar. Otras, por
el contrario, reafirmándonos con firmeza en ese ahora donde nos encontramos. Opuesta
a la memoria, la desmemoria es el desvanecimiento de los días y los propósitos,
la proliferación de silencios y vacíos, el debilitamiento de nuestra
conciencia.
La memoria me apoya en ese conocimiento que, esencialmente, me
pertenece, que no puedo darme el lujo de perder. Sabiduría surgida de mis
recuerdos, de mis preferencias, de mis comprensiones, de mis vivencias, de mis
ilusiones, de mis espejismos. Saber construido por la vida, por esa suma de vivencias
que fui, que soy, que seré.
Dentro de mi memoria fui construyendo en el transcurso de los años
unas serie de asideros: verdades íntimas, absolutamente personales que me
ayudan a entenderme
con el mundo y con los otros; pero, acaso muy principalmente, conmigo mismo. Mis
asideros son razones que me protegen y, a la vez, me comprometen. Son formas
que se consolidan en mi experiencia, permitiéndome avanzar por entre obstáculos y derrotas, ayudándome a enfrentar el tiempo y la
soledad del tiempo.
sábado, 14 de noviembre de 2015
MI VOZ...
Mi voz: signo de mi tiempo, del tiempo que soy o me propongo ser.
Me acompaña. Me distingue. Me ubica. Me define. Me oculta a la vez que me
señala. Me acerca al afuera y me refugia en mis adentros. Me compromete con sus
significados. Su evolución es mi evolución; su silencio, mi mutismo y mi
derrota. Con ella conjuro la permanente amenaza de la confusión o el desamparo.
Me ayudo con ella a encontrar -y a confirmarme en- un sentido para el camino.
Junto a ella convierto
mis cielos e infiernos en referencia, doy forma a mis
recuerdos, trato de responder a la interminable pregunta que soy...
martes, 10 de noviembre de 2015
ME DIGO...
Me digo que el tiempo existe sólo para construirlo, que errores y
logros forman parte de él, y que de lo que se trata es de moverse hacia un momento
y un lugar donde poder, al fin, aceptar ese rostro que mostramos.
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