jueves, 10 de diciembre de 2015

DESCONFIANZA POR LOS ABSOLUTOS


La desconfianza hacia los absolutos pareciera muy vieja en nuestra cultura occidental. Ya en sus Confesiones, San Agustín recomendaba a los hombres no perderse en la indescifrable vastedad de los afueras sino orientarse sobre todo en su propio mundo interior. Muchos siglos después, Miguel de Montaigne descreyó de los absolutos. En sus Ensayos propuso mirar y entender siempre desde la propia experiencia y la propia ética; y, desde ellas, hallar respuestas a sus principales preguntas. Así, afirmó alguna vez haber escrito toda su obra desde una sabiduría “del repliegue”. Una sabiduría del tiento, de la mesura, de la interminable incertidumbre. Fue, en fin, un pensador moderno que supo mostrar que la razón estaba para ayudar a los hombres a entender y entenderse a sí mismos. Una y otra vez, regresó Montaigne al viejo dicho de Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”; lo que, en modo alguno, suponía afirmar que el hombre fuese el centro de todo; sino, más bien, destacar que mientras el destino humano había reposado en la voluntad de un Dios todopoderoso e inalcanzable, sus grandes preguntas sólo podían ser respondidas por ese Dios; pero cuando las preguntas pasaron a pertenecernos a los hombres, entonces tocó a ellos mismos responderlas. Y tal vez allí comenzó la percepción humana de una nueva vulnerabilidad: moderna, emparentada a sentimientos de soledad emparentados a la ausencia los dioses o a la desaparición de Dios.

martes, 1 de diciembre de 2015

RECONOZCO... Y...¡FELIZ CUMPLEAÑOS!


"Reconozco que preciso contemplar el mundo junto a alguien cuya mirada acompañe la mía. Reconozco la imposibilidad de transitar solo por entre tanto instante sin sentido…"

¡Feliz cumpleaños, Irma!

LA DROGA...


La droga: una metáfora de la cobardía humana, del miedo a la libertad o a la imposibilidad de enfrentar la libertad; una falsa respuesta. En su consumo acaso encarna cierta necesidad del hombre contemporáneo por escapar al temor o la inseguridad ante demasiada carencia de razones y frecuentes sentimientos de vulnerabilidad sin escapatoria. En fin: una metáfora del miedo y una secuela de la creciente inhumanidad de lo humano. 

martes, 17 de noviembre de 2015

HABLÓ NIETZSCHE...

Habló Nietzsche de ese sitio personal e íntimo que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida y que termina por convertirse en una mezcla de cobijante morada y prisión; espacio desde contemplamos el mundo que nos rodea e íntimamente vivimos dentro de ese universo que somos o creemos ser. Guarecidos en nuestro centro, en esa morada limitadamente nuestra; lugar que es, a la vez, fortaleza y atalaya, miramos hacia el afuera tratando de entenderlo, de sobrevivirlo, de crecer en él.
Mi espacio, mi centro: sitio esencialmente construido por mi tiempo; por ese tiempo dibujado por mi memoria. Soy lo que es mi memoria. Ella da forma  a mi existencia, a mi percepción sobre la existencia. A veces acicate, a veces desaliento, en ocasiones arbitraria, la memoria es siempre ilustrativa. Incluso, en su imposición de ciertos recuerdos, pareciera cobrar vida propia. Al tiempo que nos acompaña, ella no cesa de confrontarnos con nosotros mismos; en ocasiones trayendo hasta nuestro presente recuerdos que preferiríamos olvidar. Otras, por el contrario, reafirmándonos con firmeza en ese ahora donde nos encontramos. Opuesta a la memoria, la desmemoria es el desvanecimiento de los días y los propósitos, la proliferación de silencios y vacíos, el debilitamiento de nuestra conciencia.
La memoria me apoya en ese conocimiento que, esencialmente, me pertenece, que no puedo darme el lujo de perder. Sabiduría surgida de mis recuerdos, de mis preferencias, de mis comprensiones, de mis vivencias, de mis ilusiones, de mis espejismos. Saber construido por la vida, por esa suma de vivencias que fui, que soy, que seré.

Dentro de mi memoria fui construyendo en el transcurso de los años unas serie de asideros: verdades íntimas, absolutamente personales que me ayudan a entenderme con el mundo y con los otros; pero, acaso muy principalmente, conmigo mismo. Mis asideros son razones que me protegen y, a la vez, me comprometen. Son formas que se consolidan en mi experiencia, permitiéndome avanzar por entre obstáculos y derrotas, ayudándome a enfrentar el tiempo y la soledad del tiempo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

MI VOZ...


Mi voz: signo de mi tiempo, del tiempo que soy o me propongo ser. Me acompaña. Me distingue. Me ubica. Me define. Me oculta a la vez que me señala. Me acerca al afuera y me refugia en mis adentros. Me compromete con sus significados. Su evolución es mi evolución; su silencio, mi mutismo y mi derrota. Con ella conjuro la permanente amenaza de la confusión o el desamparo. Me ayudo con ella a encontrar -y a confirmarme en- un sentido para el camino. Junto a ella convierto mis cielos e infiernos en referencia, doy forma a mis recuerdos, trato de  responder a la interminable pregunta que soy...

martes, 10 de noviembre de 2015

ME DIGO...


Me digo que el tiempo existe sólo para construirlo, que errores y logros forman parte de él, y que de lo que se trata es de moverse hacia un momento y un lugar donde poder, al fin, aceptar ese rostro que mostramos.