Paisajes que vemos, que habitamos; nos rodean con sus
significados. Los hemos escogido. Nos alimentan. De muchas maneras encarnamos
en ellos o ellos encarnan en nosotros. Sentimos que nacimos para ocuparlos; más
aún, que podemos llegar, súbita o paulatinamente, a desear modificarlos dejando
en ellos nuestra impronta…
Escritor, ensayista, poeta y docente venezolano. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Mariano Picón Salas del Ministerio de la Cultura de Venezuela en 1992, fue miembro del jurado de dicho premio en la edición de 1993. Igualmente fue miembro del jurado del Premio Internacional de Cuento Francisco Herrera Luque y Presidente del I Congreso de Legislación Cultural Municipal, realizado en en febrero del año 1993 en la Universidad Simón Bolívar.
martes, 25 de noviembre de 2014
LÍMITES I
Nuestro mundo interior: un límite:
nos circunscribe y estrecha, a la vez que nos afirma; un límite que nos define, nos aparta y nos centra,
nos orienta y nos ubica.
Accedemos a toda forma de otredad desde ese
límite nuestro desde el cual nos comunicamos.
Entendidos y
aceptados, nuestros límites son la más exacta definición de nuestro yo;
linderos de eso que somos y no podríamos dejar de ser, sin ellos careceríamos de contorno, esto es,
de significado.
Nuestros límites: los creamos junto
a nuestros pasos y nuestros actos, los construimos en el aliento que respiramos al lado de nuestras miradas.
domingo, 23 de noviembre de 2014
APRENDER
Aprender: de la experiencia, de las
circunstancias, de los otros… Aprender a satisfacer una curiosidad que tenga
sentido, que nos resulte útil. Aprender a recoger los aprendizajes que evoca
nuestra memoria y reconocer como esencial sentido de ésta el ayudarnos a conservar
recuerdos destinados a acompañar nuestra existencia.
Aprender a
predecirnos; a seguir el camino de nuestras preguntas tratando de entender el
significado de cualquier posible respuesta. Aprender a rescatarnos de las
dificultades; a buscar eso nuevo que aguarda por nosotros. Aprender la
sabiduría y la prudencia. Aprender el valor de las palabras y el significado de
cuantas voces nos conciernan.
Aprender a
confiar en nuestras miradas, en nuestras perspectivas, en nuestras
revelaciones. La genuina comprensión, intensa, luminosa, epifánica rara vez nos
engaña.
Aprender a
percibir la armonía que existe a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos.
Aprender a
confiar en ciertos signos que nosotros mismos hemos creado. Signos que nos
acompañan y susurran que podemos continuar la marcha de acuerdo a eso que hemos
decidido ser o hemos aprendido a ser. Apoyarnos en ellos para afirmar nuestras
opciones de vida; y reconocer en su virtualidad un eslabón de esa cadena que es
nuestro camino.
Aprender a no
desconcertarnos por la desvanecedora fuerza de lo imprevisto, a intuir un
sentido para el acaso y una lógica para el impredecible después.
Aprender a diseñar
un centro que sea espacio destinado a convertirse en límite esencial.
Aprender a no
considerarnos nunca un ejemplo para otros.
Aprender a
desconfiar de palabras como triunfo absoluto, logro definitivo, perfección,
éxito…
Aprender en
medio del tiento, de la mesura, del lento vislumbre de la oportunidad al
alcance de nuestra mano.
Aprender por
entre la suma de contradicciones y paradojas que no cesan de rodearnos.
Aprender una
razón que dé cabida a los sueños y a las convicciones. Aprender a entretejer una
personal comunicación con el mundo. Aprender a ver más lejos o de maneras
diferentes, a intuir respuestas en la convicción de que todo saber está
relacionado con la experiencia y que hay razones en la elusividad de algunas
respuestas.
Aprender que el
tiempo es un contradictorio enigma, pero que el presente se apoya en el pasado
e impregna necesariamente ese futuro que nos resta. Aprender que hay sentido en
la espera, en la paciencia, en la cautela.
Aprender que es
preciso conquistar el signo ético y la humanidad que avale nuestras verdades
más intensas.
Aprender a
apostar por nuestros sueños. Aprender a aceptar la diversidad, la contradicción, la
compleja realidad que nos humaniza. Aprender a entender la vida bajo el significado de una independencia necesaria;
se trata de sentir que nuestro camino es nuestra hechura, que nos debemos a
nuestras convicciones y verdades, que nos compromete ese lugar y ese tiempo que
hemos conquistado. Aprender a no temer a nuestra libertad; acaso una de las
mayores esclavitudes del ser humano sea el miedo a la propia libertad.
Aprender una
sabiduría que dé sentido a lo esencial. Aprender a explicarnos junto a nuestra
explicación del mundo. Aprender a
construir esas voces que son las nuestras; y, de ellas, aprender el sentido de
la oportunidad y la exactitud. Aprender, también, el necesario y justo valor silencio;
aprender a callar a la vez que vamos aprendiendo a decir.
Mi libertad, mi
fuerza, mi independencia, mi dignidad… Consecuencias, todas, de ciertos
aprendizajes centrales.
viernes, 21 de noviembre de 2014
ENSEÑAR
Enseñar en el
diálogo, en el encuentro de opiniones, desde la persuasión… El maestro comunica
verdades en las que cree y a las que apuesta por sobre cualquier otra cosa.
Lo que requiere
el diálogo entre maestro y alumno es la certeza y la fe de aquél en esos
valores que transmite.
Diálogo para enseñar
aprendizajes, para buscar respuestas, para reunir versiones y visiones.
Aprende el discípulo de su maestro y aprende
éste de aquél. Aprende al tiempo que enseña desde sus certidumbres y respuestas,
pero también desde la duda y la crítica. Su lenguaje, estímulo para el diálogo,
abre las puertas a la posible discrepancia y, sobre todo, a la curiosidad.
La palabra hace del maestro autoridad. Su voz
misma es potestad destinada a comunicar experiencias a
las que nada es más contrario
que los estereotipos y los dogmas.
La fuerza y el alcance de la voz del maestro
precisa del escenario correcto y de la oportunidad precisa. Fuera de su lugar y
su momento, corre el riesgo de ser incomprendida.
El maestro no solo es escuchado, también es
visto. Se lo oye y se lo ve. Su palabra se acompaña de cierta teatralidad. Es,
de hecho, algo narcisista; lo que, en modo alguna la califica de aparatosa,
frívola o superficial. Es, simplemente, una voz que se propone captar la
atención de quienes la escuchan. Voz surgida de la circunstancia que la
requiere; voz de la pasión y del criterio, de la convicción y la tolerancia;
obligada a un necesario equilibrio entre el énfasis y la mesura: a veces,
comedida, en ocasiones, enfática: tonalidades las dos igualmente justas.
Al contrario de lo que dice el adagio, a la
palabra del maestro no “se la lleva el viento”: permanece. Lo que dice, aquí y
ahora, está destinado a perdurar allí y después.
Opinar, valorar y enseñar a valorar forman
parte de lo que el maestro debe ser.
El maestro entiende la enseñanza como
transmisión de conocimiento de vida y para la vida. Entiende, también, que todo
forma parte de la misma aventura de aprender y de aprender a aprender.
Al educar el maestro enseña al discípulo a
encontrarse con el mundo, con los otros, consigo mismos…
miércoles, 1 de octubre de 2014
ADENTRARNOS EN NOSOTROS MISMOS...
Adentrarnos en nosotros mismos para conocernos y
reconocernos al interior de nuestra conciencia. Supeditamos nuestra
comunicación con la vida, con el mundo, con los otros a la relación que hemos
ido cimentando con nosotros mismos. A
solas con nosotros, nos hablamos y nos decimos eso que resulta necesario
entender. A solas con nuestras voces, nuestras imágenes, nuestras memorias,
nuestros fantasmas y obsesiones…
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