jueves, 1 de diciembre de 2011

IRMA, LA FOTOGRAFÍA Y LA ESCRITURA...


Hablar de fotografía significa para mí evocar un paréntesis muy personal de mi vida, cuando la afición fotográfica llegó a convertirse en una auténtica obsesión. Era el año 1977. Había finalizado mi carrera universitaria y obtenido una beca para realizar estudios de postgrado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. E iba, con Irma, mi mujer, a vivir allí por dos años. Una de las primeras cosas que hice al llegar fue comprar una cámara que se convertiría en instrumento inseparable. París comenzó por ser el destino de muchísimas fotos que durante los fines de semana, y siempre acompañado de Irma, testimoniarían pasos y paseos. Creía, sentía, que la fotografía había llegado a mi vida para siempre. Recuerdo muy bien el momento en que me dirigía a recoger las fotos ya reveladas, y la maravillada sorpresa que significaba contemplar aquellas imágenes que me trasladaban al momento en que había disparado el obturador, como una especie reencuentro con una nueva y más clara verdad de él.

En mis fotografías, tomadas también a lo largo de los numerosos viajes que hicimos en esos años mi mujer y yo, encarnaba una imperiosa necesidad por dejar constancia de miradas, descubrimientos y asombros que nos pertenecían tanto a ella como a mí. Descubrir el mundo junto a alguien; esto es: lo que vemos, compartirlo con cierta persona particular, hacer de nuestros descubrimientos proximidad al lado de ese ser que se hace compañía necesaria, otredad que nos sostiene y que llega a ser parte de nuestro rumbo y de nuestro destino. Y aceptamos que sin esa persona seríamos sólo la mitad de algo, apenas un trazo de un ausente todo.

Una vez que terminó la experiencia de París terminó mi pasión por la fotografía tan abruptamente como había llegado. De mis aventuras fotográficas sobrevivieron varios álbumes que recogían la memoria de todo un tiempo convertido en imagen. Ya de nuevo en Caracas llegarían los hijos, y, junto a ellos, la fotografía mantuvo aún por algún tiempo su carácter testimonial: recoger la existencia de esos niños que, de día en día, crecían y cambiaban. Fue el último momento en que la fotografía tuvo un significado. Daría luego paso a una escritura que iba ocupando, con creciente fuerza irresistible, todos los espacios.

¿Por qué se desvaneció tan abruptamente mi pasión por la fotografía? Me lo he preguntado muchas veces. Con los años creo haber dado con la respuesta: tomar fotografías suele significar proponernos captar algún determinado fragmento de lo exterior a través de una imagen precisa, mientras que escribir supone traducir el mundo y traducirnos dentro del mundo en medio del orden de nuestras voces.

Escritura y fotografía: ésta obliga al contacto rápido, a la inmediata comunicación con ese momentáneo afuera que velozmente se disipa. La escritura, por el contrario, me obliga a permanecer en mí, rodeado o protegido por una superficie de palabras. Si la fotografía es el arte de Cronos, la expresión de una fugaz contundencia de cierto momento; la escritura, es el arte de Kairos: forma del tiempo irreal de una conciencia reagrupándose alrededor de esas voces que buscan un sentido.

Por cierto que así como Irma en su momento tuvo muchísimo que ver con mi pasión por la fotografía, también habría de estar muy cercana a mis descubrimientos de una escritura que iba, poco a poco, haciéndose territorio mío, cobijante morada. Compañera hacedora de siempre acogedores espacios, una vez más Irma hizo posible para mí la creación de un lugar en el que apartarme de una exterioridad que, con mucha facilidad, se convertía en intemperie: ajena versión de cuanto es azariento y desvanecedor.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

UN AUTOR CON EL QUE DESDE HACE AÑOS MANTENGO UNA RELACIÓN MUY CONTRADICTORIA ES EMIL CIORAN...

     Un autor con el que desde hace años mantengo una relación muy contradictoria es Emil Cioran. ¿Por qué suele ser tan frecuente hallar incuestionables expresiones de sabiduría en seres de palabras que se ahogaron en sus propios laberintos o en lo más profundo de sus infiernos? Si distingo en Cioran a un ser permanentemente insatisfecho con todo y de todo, inagotable vociferador de su amargura e incansable teórico de una aparente autodestrucción; infeliz por voluntad propia y extraviado por voluntad propia, muy a menudo estridentemente absurdo, entonces me inclino a mirarlo con el más profundo desdén. Pero si contemplo al ser humano que, con sus escritos, supo aludir a irrefutables realidades de la condición humana, no puedo menos que incluirlo entre mis más fervientes devociones. Creo que de Cioran es necesario pasar por sobre sus caricaturas y estridencias, y detenerse en esas irrefutables respuestas que él, como nadie, supo vislumbrar y comunicar. Cuando pienso en su escritura tres palabras vienen a mí: refugio, rebeldía y resistencia. Las tres tienen todo que ver con una escritura entendida como conjuro de tantas cosas que nos alienan desde el afuera: códigos demasiado acatados, excesivos lugares comunes, veneraciones incomprensibles, aburridísimas obediencias, mímicas que nos resulta imposible repetir...

martes, 29 de noviembre de 2011

HE COMENTADO ALGUNA VEZ EL CASO DE PAUL CELAN...

He comentado alguna vez el caso de Paul Celan quien fue capaz de escribir poesía en el campo de concentración donde fue internado y en el que perdieron la vida sus padres. Es difícil el arte en medio de la muerte, de igual manera que es difícil la belleza en medio de la podredumbre; y, sin embargo, siempre será posible el arte junto a la certidumbre humana en la pasión y en la belleza: dos formas de lo atemporalmente verdadero. Y en la búsqueda de eso que creemos o intuimos verdadero reside mucho de la dignidad de esos seres humanos que nunca se resignarán a ver disminuida su propia condición humana a la hora de preguntar, de nombrar.

lunes, 28 de noviembre de 2011

DESPRECIOS, RESENTIMIENTOS Y RENCORES...

Desprecios, resentimientos y rencores forman también parte de nuestro rostro. Ser fieles a ellos es tan coherente como serlo a nuestros afectos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

LO ABIERTO Y LO CERRADO EN ALGUNAS NOVELAS VENEZOLANAS...


Enrique Bernardo Núñez había escrito Cubagua en 1929. Dos décadas más tarde, publica La ciudad de los techos rojos, un libro testimonial donde describe cómo el presente petrolero está aniquilando tres siglos de historia caraqueña. Trescientos años reducidos a escombros en medio de una voracidad urbanística que, brutalmente, arrasaba la vieja ciudad, el país anterior. El siglo XVIII, dice Núñez en uno de los artículos del libro, es “un mendigo sentado a la puerta de una de esas casas vetustas"; un ser harapiento que parecía desagradar a todos. Hace algunos años escribí sobre este tema[1]: “Nuestro país se incorporó tarde al siglo XX: consecuencia de ese retraso fue el afán de los venezolanos por ser modernos y serlo pronto, por mostrar a los cuatro vientos los signos de su modernidad; renuncia, también, a todo lo que fuese antiguo, a cuanto oliese a vejestorio deudo del pasado. Rápidamente, desaparecieron viejísimas casonas emparentadas al principio de nuestro itinerario nacional. Desaparecieron iglesias y conventos, plazas y calles. Con brusquedad, se borraban siglos de tiempo y de memoria: Venezuela compraba con petróleo su irracional transformación.La irrupción del petróleo trajo la imagen de una  Venezuela que recuerdan las fotografías de ese entonces: urbanizaciones con vago aspecto de repetidos campos petroleros, casas de habitaciones con aire acondicionado, recortados jardines, grandes automóviles de líneas semi redondeadas estacionados ante la puerta de amplios garajes. Nuevos diseños, diferentes espacios. Nada debió contradecir más esas presurosas aspiraciones de modernidad que la estampa de viejos caserones de macizas  paredes y numerosas  habitaciones rodeando un patio central. No eran chic esas casonas. Lo chic era vivir en las nuevas urbanizaciones, habitar la casas nuevas, sentarse sobre los muebles nuevos. Las viejas familias se deshicieron de sus propiedades familiares, vendiéndolas a los emprendedores urbanistas. Un necesario y eventual comprador que hubiese podido interesarse en conservarlas -el Estado- no apareció por ningún lado. Al resplandor del status y al anhelo del progreso se sacrificaron demasiadas cosas: belleza, tradición, autenticidad, cultura: costosísimo impuesto.”

A pesar de la ligereza con que los venezolanos parecían estar viviendo los dramáticos cambios que se producían en el país, en medio de la manera abrupta e irresponsable como todo se estaba transformando, se  generalizó una visión: la del petróleo como “maldición”. No por el petróleo en sí, sino por la forma como se percibía que se desaprovechaba su riqueza. La celebérrima frase de Arturo Uslar Pietri: “Hay que sembrar el petróleo”, terminó por convertirse en el código que ilustraría la manera en que la fiesta petrolera fue percibida. Para 1954, las más visibles transformaciones introducidas por la dictadura perezjimenista: amplias concesiones a las grandes compañías transnacionales del petróleo, realización de grandiosas y muy llamativas obras públicas, no lograban ocultar la realidad de un país profundamente distorsionado: de un lado, la Venezuela de la aparatosa grandilocuencia de las metamorfosis caraqueñas; del otro, una provincia, en general, tan atrasada como lo había estado siempre. Casas muertas, escoge la representación de ese país que permanece aún en el olvido y la miseria. La nación del bullicio petrolero está ausente de sus páginas. Más de veinte años atrás, la novela Cubagua había revelado el encierro en que vivía Venezuela. Casas muertas muestra que, en muchos sentidos, el encierro aún perdura; que siguen existiendo todavía muchas ruinas en el país.

En 1958 Salvador Garmendia publica su novela Los pequeños seres. En ella califica a los habitantes de la ciudad de “pequeños” y describe los espacios citadinos como interminable pequeñez y deterioro. La ciudad de Garmendia es la ciudad reducida y desagradable: la de las pensiones de “aire pobre” y “olor agrio de paredes húmedas”; la de los limitadísimos apartamentos en los que “podía verse ... tantas cosas mustias, apocadas, vilmente envejecidas en sus rincones ... cuartos sofocantes”. La moderna ciudad de Garmendia es, a fin de cuentas, también espacio de encierro; clausura convertida, ahora, en sordidez y distorsión, desecho y desarmonía. Un espacio encerrado del que, como sucedía con el moribundo Ortiz o con la abandonada Cubagua, también provoca escapar. Pero la huida es imposible. La ciudad encierra a sus habitantes y los condena a ser “figuras de desánimo que arrojan su vacío y abandono”. Que los condena, sobre todo, a la mediocridad y al fracaso.

Como un emblema, como una consecuencia central o como un único resultado imaginable, el fracaso es el corolario y, a la vez, el telón de fondo de ese mundo donde actúan los personajes de la última novela de Meneses, La misa de Arlequín. Fracaso en medio de los lugares miserables, mediocridad y autodestrucción reflejadas sobre espacios de “mala muerte”: pequeños bares, pensiones y hoteles baratos: “Llamo hotel a esta casa donde me dejan un cuarto pequeño y sucio”.

Mucho más recientemente, Viejo, la última novela de Adriano González León, presenta a los espacios urbanos como invasoras desarmonías que inundan el pequeño cuarto donde permanece el protagonista: un anciano que fantasea y recuerda; testigo de tiempos idos cuyas verbalizaciones, autocompasivas letanías, llegan hasta nosotros, lectores, a través de su voz, tan opaca y reducida como el lugar que lo enclaustra: “Yo pongo aquí estas palabras para hacerme el loco y no entender, no querer entender que la miseria y la tristeza se están metiendo por las puertas, se están metiendo por las rendijas.” 

También podría relacionarse el encierro de las alusiones novelescas con el encierro como estructura presente en algunas novelas. La misa de Arlequín, por ejemplo, es, toda ella, construida como un espacio encerrado. Igual que en el juego de la muñeca rusa, donde una figura encierra a otra más pequeña que repite exactamente a la anterior, y así sucesivamente hasta llegar a la última de las figuras: una mínima reiteración de la primera, la estructura de La misa de Arlequín es una suma de fragmentos repetidos y reflejados en otros fragmentos... Y, al final, todo termina por revelar sólo vacío.

Abrapalabra, por su parte, es una contradictoria espacialidad de desmesuras empequeñecidas y de totalidades minimizadas. Es, sobre todo, una paradójica espacialidad de desorientadoras clausuras. “El mundo se crea y se acaba en cada instante”, leemos en una de sus páginas. O sea: cada nueva palabra puede comenzar el mundo o terminarlo. Todo fragmento narrativo puede ser una alusión posible de la totalidad universal. Y Abrapalabra pareciera proponerse reconstruir esa totalidad desde la incesante proliferación de todos los retazos y fragmentos imaginables. Uno de sus personajes comenta: “Mi diversión favorita en las calles que es desincronizarlas, cortarlas en lonjas de hace unos minutos o dentro de unos minutos produciéndose así el despedace...” Abrapalabra funciona, precisamente, como un “despedace” interminable: destazamiento de muchas cosas, colosal suma de discontinuidades y deshilvanada hilvanación de itinerarios sin fin.

Abrapalabra pareciera querer nombrarlo todo desde una voz concebida como conjuro mágico, aleph en el que todo principia y todo termina, signo a partir del cual percibir todas las cosas y todos los conocimientos. Su título mismo alude a esa visión de la palabra como objeto mágico o voz clave. Abrapalabra: abracadabra: talismán o filacteria capaz de conducirnos hacia los más hondos significados de la realidad. Pero desde la lectura de sus primeras páginas, resulta claro que eso no será posible, que las piezas del gigantesco rompecabezas novelesco no alcanzarán a unirse debidamente, que un esclarecedor sentido final para ese mundo inmenso y dispar construido a lo largo de más de seiscientas páginas, acaso resulte por completo inaccesible. Imagen de la palabra, pues, como trampa, encerrona o escamoteo; construcción inacabada o travesía interminable hacia el enigma que aguarda al final del camino.

Si escribir una novela implica construir un mundo según sistemas de leyes precisos, Abrapalabra escoge construir el suyo a partir de una ley esencial: el desorden. Es su opción: edificar el caos desde el caos, hacerse incoherencia que nombra lo incoherente. Como se dice en una de sus páginas: “El hombre sacudió el sello de las cadenas de palabras que llamamos ideas/ Y el mundo perdió su forma y su sentido/ El hombre sacudió la cadena de ideas que llamamos memoria/ Y los torrentes de la sensación inundaron la mente sin prestar servidumbre a la experiencia que hubiera podido encauzarlos/ El hombre sacudió la cadena de memorias que llamamos cultura/ Y perdieron su ser las civilizaciones...” Palabra e imagen, imagen e idea, idea y memoria, memoria y cultura: encadenamientos de secuencias expresivas y de realidades naturalmente complementarias que en Abrapalabra parecieran hacerse sólo verbalidad de la dispersión, de la irradiación confusa o del desparramo interminable.

Britto García ha declarado que “en un mundo sin Dios no hay voz única, sino silencio o tumulto ... No hay palabra inocente.” No hay inocencia en las palabras porque todas apelan a una opción, porque todo decir es escogencia. Murmullos o vociferaciones, balbuceos o gritos son, todos, modos expresivos de un nombrar, significativas entonaciones. Abrapalabra escoge hacerse entonación de lo inverosímil, de lo inacabado, de lo confuso, de lo irreductible, de lo desconcertantemente abrumador. Estéticamente, la forma que mejor podría definirla sería la de un laberinto. Todo en el laberinto resulta paradójico. En él lo ilimitado es evocado desde lo limitado y lo inabarcable es perceptible desde el encierro. En Abrapalabra la forma laberíntica es una consecuencia de ese propósito novelesco por aludir a lo total desde lo parcial y por revelar lo perenne a partir de lo momentáneo. El resultado final es la absoluta desorientación: el lector se pierde por entre esa gigantesca acumulación verbal encerrada en muchísimos retazos de expresivas fragmentaciones.

Desconcertante o no, el laberinto es recorrible y debe ser recorrido. Hacerlo será como armar un rompecabezas: crear sentido allí donde sólo existían el vacío y la dispersión. Pero si, en el caso del rompecabezas, cada una de las piezas es una parte de la solución, una insinuación de la respuesta final; en el laberinto, cada paso emprendido puede arrojarnos más profundamente en la confusión. Recorrerlo será igual que tratar de armar un rompecabezas absurdo cuyas piezas hubiesen sido diseñadas para no reunirse. Abrapalabra es como el laberinto o el rompecabezas irresoluble. No hay desentrañamiento final en sus páginas: sólo testimonios, revelación de muchísimas imposibilidades.

Pero la imagen del laberinto podría ofrecer, también, otra opción: la del aprendizaje. Llegar hasta el centro del laberinto y, desde allí, lograr descubrir su salida, sugiere una sabiduría extraída de ese recorrido que nos permitió escapar a lo inextricable. Laberinto, en suma, como reto a vencer, como vivencia que nos ofrece profundos conocimientos, quizá principalmente acerca de nosotros mismos. Y ésa es otra posibilidad que ofrece también Abrapalabra: ser construcción que nos permite, por entre todas sus confusiones, percibir imágenes, intuir entonaciones, avizorar respuestas. Por entre la incongruencia y el caos, vislumbramos en la novela comprensiones, razones, verdades. Entrevemos en ella, fugaces, los destellos de muchos significados. En suma: aprendemos de sus páginas de la misma manera en que podemos aprender del sentido de nuestros pasos recorriendo el laberinto y extrayéndonos lentamente de él.



[1] Ver: “Símbolos, tiempo y memoria nacional”, en: La mirada, la palabra, Caracas, Academia Nacional de la Historia, col. El libro menor, 1994

sábado, 26 de noviembre de 2011

VIAJAR ES DESCUBRIRNOS...

Viajar es descubrirnos, conocernos o reconocernos en lo extraño, lo diferente. Lo muy ajeno  -seres o cosas- puede reflejarnos con luz particular. Nos reflejamos sobre el espejo de lo inesperado. Eso que nos asombra nos revela.

jueves, 24 de noviembre de 2011

SABIDURÍA DEL MUNDO INTERIOR

Sabiduría del mundo interior: odisea particular de cada quién, recorrido personal en torno a una inacabable experiencia de autodescubrimiento.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL IMAGINARIO DE NUESTRO TIEMPO...


     El imaginario de nuestro tiempo valora lo heterogéneo. Acepta que lo múltiple es valor, estímulo. Entiende como necesaria la comunicación entre lo dispar, el acercamiento de los extremos, el diálogo de los contrarios, el encuentro de lo disímil, la vitalidad de lo diverso y lo disperso, la heterogeneidad potencialmente creadora. Nuestro presente apuesta a la paulatina desaparición de centros únicos, al desvanecimiento de férreas hegemonías, a la supresión de supremacías demasiado definitivas. Cree en un planeta convertido en circunferencia sin centros: vastísima superficie donde todos los espacios pudieran llegar a ser centro al que todas las regiones se acerquen. Sin embargo, tal proximidad no deja de ser confusa: tiene la forma de un irreal caleidoscopio, a veces poco nítido, a menudo poco coherente.

domingo, 20 de noviembre de 2011

ERNST JÜNGER HA DICHO...


     Ernst Junger ha dicho que los titanes serán los protagonistas necesarios del tiempo del mañana. Sin embargo, cualquier referencia a lo titánicamente humano carece de sentido si antes no se relaciona ese titanismo con otros comportamientos más proclives a la fraternidad. Los nuevos hombres necesarios, capaces de hacer realidad la utopía posible, deberán poseer rostros muy semejantes a los de Fausto o de Prometeo: seres creadores de lo nuevo, símbolos inspiradores de la ilusión por lo nuevo. Sin embargo, nada más haber dicho esto me detengo y me corrijo: Fausto fue ya uno de los esenciales protagonistas del tiempo de la modernidad. Fue el homo faber: hacedor apropiado de una técnica y de un saber práctico que culminó en esa devastación que llega hasta nuestros días. Fausto se enseñoreó de los siglos modernos, y por eso quizá no tenga ya nada que enseñar a los hombres. No es ése el caso de Prometeo. Prometeo es voluntad transformadora y es inteligencia para el cambio. Definitivamente Prometeo, rebelde y desafiante hacedor de lo nuevo, voluntarioso innovador, sí sería el llamado a sustituir a los viejos dioses caducos, muertos, indescifrablemente fantasmales.

     Prometeo: redentor y hacedor, sacrílego rebelde ante los dioses, a la vez víctima de un saber que lo condena a expiar sufrimientos eternos y abnegado mesías para los hombres; Prometeo, trágico y fecundo propulsor, idealista sacrificado a un sueño de superación colectiva, simboliza el inconformismo humano: su no resignación ante la adversidad ni ante la demoledora monotonía de los destinos impuestos. Prometeo es el arquetipo del héroe rebelde. Su rostro muestra, escrito en él, el signo de la maldición y la condena; pero, también, el de la esperanza. Su afán de inconformismo y de ruptura, simbolizan la necesaria vitalidad, la esencial vivacidad de la voz superviviente de la historia. El mito de Prometeo, ha recordado Nietzsche, es viejísimo. Nació cuando el ser humano primitivo descubrió que podía conquistar el fuego por sí mismo, sin esperar que éste llegase hasta él gracias a la inesperada dádiva de algún dios (a través del rayo que accidentalmente encendía un árbol, por ejemplo). Prometeo nació cuando los hombres descubrieron que, gracias a su ingenio, a su voluntad y a su esfuerzo, podían independizarse del capricho de los dioses.

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL SER DE PALABRAS CONVIERTE SU IMAGINACIÓN Y SU LUCIDEZ...

El ser de palabras convierte su imaginación y su lucidez en visibilidad y orientación, instrumentos con los cuales diseñar una alegoría personal del universo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

TEMOR A LA INMORTALIDAD...

     Jonathan Swift, en Los Viajes de Gulliver, imaginó la inmortalidad como una trágica pesadilla. En un episodio del libro, la describe como decadencia infinita, interminable deterioro de cuerpos seniles que, perdidas todas sus facultades y convertidos en patético despojo, tercamente se niegan a morir. Ante esa imagen terrible, la muerte pasa a convertirse en metáfora feliz de la liberación deseada por todos aquéllos a quienes la vida llega a parecer demasiado larga o hacerse insoportable. La inteligencia cruel de Swift dibujó con terrible ironía el macabro reverso del sueño de la juventud eterna. Quizá, y a pesar de que parezca desearla, el hombre, en el fondo, rechaza la inmortalidad. El imaginario humano abunda en visiones que revelan ese rechazo. Se asocia, por ejemplo, inmortalidad y vampirismo. Criatura de la noche, siempre sedienta de sangre y temerosa de la luz diurna, monstruo de maldad, muerto en vida: el vampiro encarna todo lo que es repulsivo y antinatural. Tal vez en el rostro del vampiro el hombre dibuja su verdadera, su más profunda convicción: la de que una existencia interminable no sugiere sino horror.

martes, 15 de noviembre de 2011

EN ALGÚN MOMENTO DE ALGÚN DÍA...

En algún momento de algún día llega inesperadamente hasta nosotros una palabra indudable que es revelación, luz en medio de la confusión, transparente y definitivo fragmento hechido de verdad...

viernes, 11 de noviembre de 2011

ONCE DE NOVIEMBRE



     Para el ser de palabras las cercanías excesivas suelen ser incómodas. Precisa ajenizarse de muchísimas cosas exteriores; y acercarse a sí mismo: a sus espejismos, principalmente. Su mundo está construido por evocaciones de vivencias que permanecen con él y le pertenecen sólo a él. ¿Qué lo alienta? Su voluntad, sus propósitos, sus ilusiones. Ciertas fechas le resultan especialmente importantes. Su cumpleaños, por ejemplo: ese día metaforiza para él muchas cosas: tiempo vivido, metas, experiencias, logros, fracasos, espacios conquistados, caminos, un destino... Cada nuevo aniversario es un hito necesario que exige de él reflexión; mirar hacia atrás: hacia el recuerdo de tantas imágenes acumuladas en su conciencia; o hacia delante: hacia un futuro necesariamente convertido en visión sustentadora. Hito en el camino, encrucijada: cada nuevo cumpleaños es para el ser de palabras una fecha cargada de intensidad y de sentido.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

CUENTA MIRCEA ELIADE...


Cuenta Mircea Eliade la anécdota de un rabino que soñó que en un lugar extraño, lejos de su hogar, hallaría un maravilloso tesoro. Se encaminó hacia ese sitio y encontró allí un guardián que le dijo haber tenido el mismo sueño: la visión de un tesoro aguardando por él, oculto en la casa de un rabino. Regresó el rabino a su hogar y, tras mucho buscar, descubrió que, efectivamente, enterrado en el suelo de su hogar, se hallaba el tesoro. La lección que extrae Eliade es clara: fuera de nosotros, en lo exterior, podemos llegar descubrir verdades que nos conciernen y nos permiten conocernos.

Conocernos: inicio de todo genuino saber, de cualquier forma de verdadera sabiduría. “¡Conócete a ti mismo!” fue la inscripción que los Siete Sabios de Grecia ordenaron colocar sobre el frontispicio del templo de Delfos. Conocernos antes de emprender nuestros recorridos por el afuera, conocernos antes de conocer. Conocernos y reconocernos, por ejemplo, en los espacios del arte; naturalmente expresivos, ellos nos hablan. Los escuchamos desde lo que somos. Penetramos en sus sentidos al convertir sus imaginarios en imaginarios nuestros.

Como en la anécdota de Eliade, la contemplación de una obra de arte puede tener el efecto de acercarnos a nosotros mismos, a nuestras verdades; también puede ayudarnos a descubrir verdades que existen desde el comienzo del tiempo humano pero que a cada quien  toca descubrir a su manera. La obra de arte, producto de la experiencia humana de ese artista que la creó, se entreteje, así, con la experiencia de quien, en íntima comunicación, la contempla. Ella logra transmitir una sabiduría humana, real, apoyada en vivencias, en experiencias vividas; por ello, puede ayudar a quien la contempla a convertir su comunicación con la obra en comprensión de sí mismo, en diálogo con su propio tiempo; posibilidad de reencontrarse con su humanidad y de acercarse a sus más humanas comprensiones. La obra de arte nos permite conocernos. Ella se comunica con nosotros desde su especificidad, sí, pero también desde nuestra historia. Y descubrimos en ese espacio estético que nos atrae verdades que nos acercan a verdades propias, interpretaciones de nosotros mismos desde lo que ha sido y es nuestro tiempo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

CON NUESTRAS LECTURAS DEL MUNDO...

Con nuestras lecturas del mundo construimos nuestra propia comprensión de él: subjetiva, íntima, arbitraria. Leemos el mundo de acuerdo a nuestros espejismos, obsesiones y prejuicios; lo traducimos desde nuestra propia peculiaridad, desde los ahoras que nos rodean o los recuerdos que no nos abandonan, desde la lucidez que nos orienta o la imaginación que nos hace soñar, desde la sensibilidad que nos acompaña o la desorientación que nos resulta imposible evitar.

domingo, 6 de noviembre de 2011

ORTODOXIA DE AMÉRICA, HEREJÍA DE AMÉRICA


América comenzó siendo el imaginario de todo cuanto Europa no era o de todo cuanto Europa aspiraba a ser. De la desolación de Occidente, dicen las imágenes que dibujaron el comienzo de nuestro continente, nació América. En las soledades americanas, hombres e ilusiones, mitos y ambiciones, sueños e ideas, fueron transformándose en la fuerza esencial de lo increado; todo cambiaba en la confusión de tantos espacios vastos y vacíos. Ninguna otra región ha sido bautizada Nuevo Mundo desde el instante de su aparición a la mirada y la memoria de los hombres. Frente al tiempo europeo, el americano fue el tiempo de lo nuevo. Frente a los mitos europeos, América, nuestra América Latina, erigió como su gran mito esencial la novedad. Novedad de lo que surgía de la nada. Novedad de geografías maravillosas pobladas de imposibles que dieron nombre a los más fabulosos absurdos y a las más deslumbrantes quimeras. Novedad de la pasión religiosa: conquista de lo desconocido en nombre de Dios; monjes solitarios enfrentándose con su devoción y su fe a la fuerza de las armas y a la crueldad de los hombres, haciendo de la cruz rostro otro de la espada. Novedad de un sentimiento de patria consolidándose durante siglos de lucha contra el corsario aborrecido: nacimiento de la nacionalidad que se anunciaba en el odio compartido hacia el hereje y en la firme defensa de un ya irrenunciable paisaje. Novedad en la reinvención del continente que intentaron nuestros libertadores en un delirante afán por reiniciar la historia y recomenzar el tiempo. La novedad ha definido cierto espíritu herético que, constante, impregna nuestra historia. La herejía de América fue y ha sido siempre lucha contra lo desconocido, fuerza impulsora, construcción de voluntades enfrentadas a una naturaleza abrumadora, ilusión opuesta a la adversidad, esperanza chocando con la dureza del entorno. La herejía de América es y ha sido siempre la utopía de América. La utopía es lo herético por excelencia: utopizar revela inconformismo hacia el presente, imaginación para concebirlo distinto y para querer superarlo. Anhelamos la utopía si no nos satisface el presente. Soñamos si no somos felices. Deseamos lo que no tenemos. Queremos triunfar si sentimos que hemos fracasado. Por la utopía, los latinoamericanos nos movemos y nos hemos movido con naturalidad en el terreno de la ilusión. Por la herejía nos hemos acostumbrado a la invocación del futuro: ¡lo hemos soñado tantas veces!, ¡tan a menudo lo hemos previsto por entre los pliegues de nuestro rugoso presente!

     La herejía suele concluir enfrentada a una ortodoxia que la detiene o la deforma. Herejías fueron la ambición y la codicia, los sueños e ilusiones que acompañaron la conquista y la población del Nuevo Mundo. Ortodoxia fue la inflexibilidad del imperio español negándose a vivir al ritmo de la historia. Heréticos fueron los sueños de nuestros libertadores: imagineros y hacedores de tiempos escritos en el mañana. Ortodoxa fue la corriente conservadora que se negó a aceptar la idea de emancipación y trató de impedirla, incluso, a costa de la más espantosa aniquilación. Herético fue el pensamiento liberal que surgía como una forma de enfrentar la adversidad del exiguo presente. Ortodoxia fueron las larguísimas dictaduras personalistas, la interminable lista de caudillos que conocieron casi todas nuestras naciones hispanoamericanas: aventuras de jefes sucesores de jefes y derrocados por jefes. Heterodoxia fue, en nuestro siglo, la proliferación de partidos políticos nacionalistas que defendieron la lucha de los tradicionalmente desposeídos y marginados. Heterodoxos fueron, también, los políticos idealistas que se sacrificaron a una causa y lucharon por principios necesarios y metas justas. Ortodoxia es, hoy, la realidad de esas mismas agrupaciones políticas que se limitan a sobrevivir, poderosas e inconmovibles, acostumbradas al poder y a su cercano aliado: la fuerza económica. Heterodoxia fue, hace casi cuatro décadas, la Revolución Cubana y sus esfuerzos por recuperar para las masas derechos siempre postergados y por erigir un ideal de dignificación de nuestra América frente a la prepotencia yanqui. Ortodoxia es, hoy, la misma Revolución Cubana anquilosada por una burocracia que asfixió su vivacidad. En suma: la heterodoxia de hoy suele ser la ortodoxia de mañana. Esta, por su parte, es el seguro llegadero de muchos sueños inmovilizados; el destino de demasiados fracasos; la muerte de ideales en su no auténtica realización, en su paulatino desvanecimiento en rutina, mascarada o reglamento.

sábado, 5 de noviembre de 2011

GEOGRAFÍA DE LA ACTUAL NOVELA VENEZOLANA


En su trabajo Geografía de la novela, Carlos Fuentes habla de territorios novelescos conformados por los más variados lugares. Al igual que la otra, la física, a la geografía de la novela pertenecen muchas posibles superficies: sitios desérticos y parajes acogedores, frondosas selvas y devastadas planicies, comarcas exuberantes y lugares de raquítica parquedad, altísimas serranías y muy vastas llanuras... Configuración de un paisaje total a partir del encuentro de muy distintos paisajes parciales. En la geografía de la moderna novela venezolana podrían, igual que en el país mismo, percibirse importantes contrastes: entre la confusión y la explicación, entre el dibujo y el desdibujamiento, entre la palabra de la ubicación y la voz desorientadora. Se escriben, así, paradójicas novelas que parecieran conjurar la incertidumbre desde la misma incertidumbre, nombrar la realidad desde la irrealidad, aclarar el desconcierto sin cesar de aludir al extravío. El tiempo de la modernidad venezolana ha reunido en el terreno novelesco nuevas convicciones de indescifrabilidad y de caos a muy anteriores imaginarios de decadencia. La antigua denuncia, desoladora, directa y desgarrada, fue sustituida por nuevas denuncias en las que prevalecía, sobre todo, la condena irreverente. A cierta tradicional certeza de que en Venezuela las cosas no eran lo que ellas deberían haber sido, sucedió otra que concluía que lo absurdo, lo grotesco y lo irreal no cesaban de rodearnos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

MEPHISTO


Símbolo exacto de la creación artística: hacer nacer de la nada, dar forma a lo nuevo; extraordinario poder que no podría sino sustentarse sobre una ética asociada a libertad y honestidad. Todo creador, además de libre, debe ser absolutamente honesto consigo mismo y su entrega a la obra por realizar.

De este tema trata Mephisto (1981), película del director István Szabó, adaptación de la novela homónima de Klaus Mann, hijo primogénito de Thomas Mann. La trama transcurre en el año 1933. Hitler es el amo absoluto de Alemania y su ministro de cultura, Hermann Göering, es un admirador del trabajo de Hendrik Höfgen, actor de teatro quien, gracias a ese favor, rápidamente se ve convertido en símbolo del universo teatral de la Alemania nazi. Ante cualquier crítica sobre su cercanía al régimen, Höfgen se defiende argumentando que él es un artista a quien sólo motiva su arte. Sin embargo, hacia el final de la película, en la mejor de sus escenas, cuando Höfgen trata de interceder ante Göering por un amigo suyo, perseguido político, descubrimos la verdad de su condición: nunca pasó de ser una marioneta, o, como le enrostra el propio Göering, un comediante, figurón prescindible a quien el mismo régimen que lo ensalzó, podría, cuando así lo quisiese, aplastar como a un insecto. En la imagen de un humilladísimo Höfgen, el espectador entiende que es muy frágil y aleatoria la relación entre el artista y el Poder. Tan pronto como aquél se vuelva incómodo o poco útil, éste sabrá recordarle, sin ambages, cual es su verdadero lugar.

El mensaje de Mephisto es claro: apoyado en su arte, el artista lo es todo; sin eso, no es nada. Si por ambiciones personales o por cualquier otra razón que nada tuviese que ver con su compromiso artístico, se apartase de ese necesario sustento moral, pasaría, entonces, a convertirse en una figura muy parecida a la de los bufones de las cortes medievales: seres muy hábiles para entretener y granjearse el favor de quienes pagan por sus ocurrencias, pero carentes de toda forma de libertad. Como brutalmente le espeta Göering a Höfgen: fue sólo un adorno para el régimen; alguien capaz de distraer y de dar cierto lustre a éste, pero que nunca podría ser tomado seriamente en cuenta. En suma, un bufón que nunca pasó de ser sino eso.

jueves, 3 de noviembre de 2011

CULTURA DE LO DESECHABLE


Cultura de lo desechable: ninguna sociedad había generado tanta basura como las ricas sociedades industriales de nuestro fin de siglo. La basura es un revelador signo de la prosperidad. Tanto más excretas, tanto más consumes. Montañas y montañas de desechos se acumulan convertidas en patéticos símbolos de la riqueza. Unas pocas naciones producen cada vez más y desechan lo que les sobra. En el proceso, una nueva modalidad ha comenzado a diferenciar la basura de las naciones ricas de la basura de las naciones pobres: las primeras están en capacidad de producir desechos más peligrosos. Basura originada en muy sofisticados sistemas de producción de riqueza. Detritus de la abundancia: radioactividad, químicos altamente contaminantes... ¿Resultado? Un nuevo intercambio comercial según el cual los países ricos pagan a los países pobres para que éstos reciban los desechos tóxicos. Las naciones ricas excretan y las naciones pobres cobran por recibir sus deyecciones: nueva modalidad de la opresión económica y nueva modalidad, también, de la injusticia. En las grandes soledades tercermundistas, en los espacios vírgenes de las naciones del sur, hay suficiente espacio todavía para recibir la mierda de las naciones ricas del norte. Los países pobres han terminado por asumir, así, el más patético de los roles imaginables: el de letrina de los países ricos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL GRAN PEZ


El gran pez (2003) película de Tim Burton, realizada como un tributo de éste a su padre, fallecido poco tiempo atrás, construye su trama alrededor de la voluntad de un individuo por convertir su imaginación en reconciliación entre su tiempo real y el tiempo de sus fantasías; invención de un significado para los días vividos, y una forma de vivir de acuerdo a ese significado. En el momento presente de la historia, su protagonista, un anciano enfermo de cáncer, agoniza; y su hijo decide compartir con él sus últimos días. La anécdota dibuja la difícil relación entre un padre que vivió siguiendo siempre la inspiración de sus sueños, y su hijo, siempre escéptico ante éstas. La desaparición física o decadencia de nuestros padres nos golpea con terrible fuerza. Que esas figuras tan íntimamente próximas y que tantos espacios ocuparon en nuestras vidas, desaparezcan o vaya desapareciendo paulatinamente, nos confronta cruelmente con nosotros mismos. Fueron un punto de partida, un necesario referente; podemos percibirnos como su reflejo o su antinomia, pero siempre será esencial la relación que establezcamos entre sus figuras y las nuestras. En El gran pez, el hijo termina por descubrir que su padre, ese ser que tanto antagonizó, logró, a fin de cuentas, alcanzar el más extraordinario de los ideales: construir su vida según el diseño de su imaginación.

martes, 1 de noviembre de 2011

LA NARANJA MECÁNICA


El mérito de algunas obras de arte es saberse adelantar a su tiempo. Decir ahora eso que será reconocida verdad más tarde. Así, por ejemplo, al pensar en el tema de la violencia como un fenómeno totalizador, irracional, absurdo, es difícil no recordar el célebre filme La naranja mecánica, de Stanley Kubrick. Hoy, cuarenta años después de su estreno, todos reconocemos en esas imágenes de jóvenes desadaptados, habitantes de un mundo sin futuro, a tantos y tantos protagonistas de los excesos de una juventud marginada al interior de las ciudades de los países más poderosos del mundo.

     La novela de Anthony Burguess, publicada en 1962, en la que se basaba la película, poseía un optimista capítulo final que contradecía las páginas anteriores. En su versión, Kubrick decidió ignorar este desenlace; y, así, ante los ojos de los espectadores del filme, permanecerá por siempre la feliz libertad final de su protagonista, Alex Delarge, desaparecidas ya las dolorosas secuelas del tratamiento del que había sido objeto para modificar su conducta criminal. En particular juego de complicidades alentado por el propio Kubrick, el espectador ve en Alex una víctima de una sociedad de valores distorsionados y rasgos caricaturales, en el fondo, ella misma culpable de los seres inadaptads que genera. 

sábado, 29 de octubre de 2011

UNA EXTRAORDINARIA ALEGORIZACIÓN DE LO AMOROSO...


     Una extraordinaria alegorización de lo amoroso fue escrita en los albores de la historia humana, en la épica del Enuma Elish, poema acadio que canta la historia de Gilgamesh. Se trata del episodio de la humanización de Enkidu, el ser semisalvaje que vivía, libre y desnudo, junto a las fieras de los bosques y hablaba el idioma de los animales. Gilgamesh, para atraer a Enkidu a la ciudad de los hombres, ordenó que le enviasen una mujer, una vestal del templo que debería permanecer junto a él, viviendo en la espesura por varios días. Así sucedió: la vestal llegó hasta Enkidu y durante seis días y siete noches fue su mujer. Al término de ese tiempo, Enkidu se separó de ella y quiso regresar con las fieras; pero éstas, al verle, huyeron asustadas: no lograban reconocerle, no lograban entenderle. Enkidu, tras el contacto con la mujer, había dejado de ser animal y se había vuelto humano. Esta historia es el más expresivo epílogo para describir lo que el amor es: por sobre todo, experiencia transfiguradora.

jueves, 27 de octubre de 2011

FANNY Y ALEXANDER


Lo que vemos y lo que nos gustaría ver: posibilidades, a fin de cuentas, la una tanto como la otra. Voluntad de ver eso que quisiéramos: una apuesta, riesgosa pero apuesta al fin. De la voluntad de acercarnos a la realidad desde la intensidad y la forma de nuestros deseos trata Fanny y Alexander (1982), la última de las películas que Ingmar Bergman realizara para el cine. Ella nos muestra la posibilidad de descubrir, gracias a la imaginación, esas cosas maravillosas que la vida pueda ofrecernos. Es una propuesta que nos llega junto a tres escenas centrales del filme. En la primera de ellas, Oscar Ekdahl, director del grupo de teatro de la ciudad de Upsala y padre de Alexander, joven protagonista del filme, se dirige a los actores de su compañía y les habla del contraste entre el mundo del teatro, donde todas las cosas tienen un sentido y una armonía, y el mundo real: duro, áspero, pero, sobre todo, impredecible, y lo que es peor, frecuentemente absurdo. En la segunda escena, hacia el final de la película, un tío de Alexander, pronuncia un breve discurso ante toda la familia reunida: “Déjennos ser felices tanto como podamos. Déjennos disfrutar la vida. Es necesario, y no es vergonzoso, disfrutar de este pequeño mundo: de la buena comida, de los árboles que florecen, de la música...” Antes de esa exhortación, el mismo personaje había exclamado: “la maldad recorre el mundo como un perro rabioso”. En la tercera y última de las escenas, con la que, por cierto, concluye la película, la abuela de Alexander, matriarca de la familia Ekdahl, toma un libro de Augusto Strindberg y de él lee un breve fragmento: “Todo puede suceder, en el delgado marco de la realidad, la imaginación no cesa de girar creando nuevos patrones...”

Tres escenas que nos comunican una verdad que resulta imposible no compartir: la imaginación puede abrirnos las puertas hacia una vida más feliz. Sin embargo, hay un insoslayable matiz en esto: el descubrimiento de la felicidad está necesariamente relacionado con la vivencia de la infelicidad, el reconocimiento de la una como consecuencia de haber sufrido la otra.

En el filme, el personaje de Vergérus, Obispo de Upsala y padrastro de Alexander, abre a éste las puertas de un universo de puritanismo enfermizo y desquiciado. El contraste que establece el filme entre el mundo de Vergérus y el mundo epicúreo de la familia Ekdahl, nos conduce a una sola conclusión posible: los seres humanos podemos escoger vivir a plenitud o condenarnos a una existencia degradada: somos los únicos causantes de nuestra felicidad o de nuestra miseria.

miércoles, 26 de octubre de 2011

LEER, ESCRIBIR, VER CINE....


     Leer, escribir, ver cine: actos que, de manera muy distinta, me acercan al mundo tanto como a mí mismo. Me encierro en una sala, oscura y apacible, sentado en una cómoda butaca y envuelto por imágenes y sonidos que traen hasta mí rasgos del afuera: trazos que, a veces, identifico con mi rostro y mi camino. Leo libros; o me siento frente a la pantalla de mi computador o ante la página en blanco, y me acompaño por esas palabras con las cuales entiendo y comunico cuanto pudiera resultarme necesario comprender o decir... La película que veo me muestra simbolizaciones del mundo. La página que leo o la que escribo me centra en mi mundo. 


     Las imágenes que surgen sobre una luminosa pantalla, las voces que van apareciendo sobre superficies planas y claras... Signos, formas que me permiten entender ese tiempo que me rodea y ese tiempo que soy. Las imágenes son más rápidas y contundentes, también más aleatorias en su recuerdo; las voces, más lentas y persistentes en las opciones que ellas señalan... Aquéllas me golpean con fuerza, deslumbrándome, desconcertándome: reflejos de realidades que distingo dentro o fuera de mí; las palabras, ecos de opciones convertidas en espacios de experiencia, me van configurando muy lentamente en mis superficies, junto a mi destino...


martes, 25 de octubre de 2011

LA ESCRITURA ES...


La escritura es lo que cada escritor haga de ella. Personalmente, escogí convertirla en compañía y disciplina, espacio de autoconocimiento y orientación, de apoyo y siempre insatisfecha curiosidad, de actitud y estructura de vida. 

lunes, 24 de octubre de 2011

A LA PREGUNTA...

     A la pregunta ¿qué busco al escribir? He ido hallando en el curso de los años mi respuesta: escribo para expresar descubrimientos y curiosidades, para organizar comprensiones, para enfrentar la interminable confusión de casi todo. Escribo mucho más que para expresar el mundo, para reconocerme en el mundo. Escribo para conjurar el natural desconcierto o el tedio. Escribo para hacer señas con mis voces tratando de llamar la atención sobre esas palabras que pronuncio en medio del infinito vocerío del mundo. Escribo porque escojo; porque es imposible decirlo todo, y escribir me enseña a no decir de más, tampoco de menos: sólo lo preciso, lo necesario. Escribir me enseña, pues, a callar. O lo que es lo mismo: escribir me ha enseñado a valorar el silencio. Paradójicamente, quizá escriba porque aprendí a amar el silencio.

domingo, 23 de octubre de 2011

UNA ORDEN IMPERIAL EMANADA DE CARLOS V...


      Una orden imperial emanada de Carlos V que desautorizaba el cultivo de lo imaginario y prohibía las novelas, imprimió una honda peculiaridad en los primeros tiempos de nuestra literatura latinoamericana. Durante los tres siglos coloniales se prohibió la imaginación en la América española. La verdad y el poder eran normas divinas que no se podían vulnerar. La literatura se hizo deudora, más que de la imaginación, de la seducción. Tenía un carácter anodadador: buscaba convencer en la seducción de la retórica. La literatura escrita en la América española se emparentaba más al ingenio que a la imaginación, más a la simulación que a la expresión directa. Estética del disimulo: fantasía metamorfoseada en agudeza; estética del enmascaramiento y de la ambigüedad. Verbalidad, verbofagia, verborrea: profusa palabra que se abre y se muestra o se cierra y oculta. Palabra abanico. Palabra femenina que seductoramente juguetea con las apariencias. Palabra insinuación. Palabra atrapante y embrujadora. Nuestra literatura del tiempo colonial articula signos particularmente femeninos en la reproducción del juego sutil de la seducción, del ascendiente a través del poder de la apariencia, de la importancia fundamental de la forma que, sutil, se muestra y, cautivadoramente, atrae. Trascendencia de la forma que nos define, del ropaje que nos viste, de la máscara que nos cubre, del lenguaje que utilizamos. Desde los siglos coloniales, la individualidad hispanoamericana se ha apoyado, con fuerza, en la imagen proyectada. Parecer termina siendo tan importante entre nosotros como ser. La forma opaca la verdad. La representación se convierte en verdad.

     Si una de las constantes de nuestra literatura ha sido la seducción de la forma; la otra, casi como actitud opuesta, fue la obsesión por hurgar en nuestro cuerpo histórico: palpar el pasado para plantearnos ciertas interrogantes: ¿qué somos los latinoamericanos? ¿qué hemos sido en el tiempo? ¿en qué nos hemos convertido? En las respuestas a estas preguntas, se inicia uno de los espacios esenciales de nuestra literatura: la interrogación a una historia que nos defina, a una legitimidad que nos represente, a una ilusión que nos sostenga. Nuestros escritores parecieran haber sentido desde siempre la inescapable fuerza de las relaciones entre los tiempos. Las nociones de presente y porvenir se apoyan en el conocimiento del pasado. Obsesión por indagar en la memoria y rescatar algunas de sus imágenes evanescentes.

sábado, 22 de octubre de 2011

UNA PELÍCULA RECIENTE: "EL EXTRAÑO CASO DE BENJAMIN BUTTON"

Una película reciente, dirigida por David Finch, e inspirada en un cuento de F. Scott Fitzgerald, El extraño caso de Benjamin Button (2008), presenta eso que, en principio, pareciera ser la versión opuesta a la decadencia del tiempo: una vida que, desde un paradójico comienzo de senilidad infantil, va encaminándose en fantástica regresión, hacia un punto de partida que es, también, un final. Ideal humano de siempre: que la sabiduría de la vejez habite en un cuerpo joven y fuerte; pero, tal y como lo muestra el filme, el anciano Benjamin está destinado, igual que todo ser humano, a desaparecer. Avance irreversible hacia el deterioro y la desaparición, el paso de Cronos significa desgaste, y, a la larga, desvanecimiento. Sin embargo, vivir acaso signifique, sobre todo, construirnos en medio de kairos: al lado de ideales, fantasías, actitudes, ilusiones, propósitos... Crecer en una espacialidad que nos vaya centrando alrededor de espejismos y escogencias; haciendo de nuestra imaginación y lucidez visibilidad y orientación, un instrumento con el que diseñar personales alegorías del universo. No se trata, desde luego, de confiscar la realidad, sino de colocarnos frente a ella siempre muy cerca de esa temporalidad a la que los griegos dieron el nombre de kairos.

viernes, 21 de octubre de 2011

UNA EXTRAORDINARIA PELÍCULA: DOGVILLE...


Una extraordinaria película Dogville (2003), (extraordinaria en el más literal sentido del término: absolutamente inusual: dos horas de filmación que transcurren dentro de un escenario limitado a una serie de rayas que señalizan espacios: casas, lugares), dirigida por el danés Lars von Trier, muestra la desmitificadora versión de las proximidades humanas. Y crudamente evoca el viejo adagio: “Pueblo pequeño, infierno grande”.

Dogville (literalmente ciudad de perros o “ciudad perra”; en realidad no ciudad: apenas pequeño villorrio poblado por unos pocos vecinos), es un lugar que recibe un día la inesperada visita de una joven que huye de unos gansters. Inicialmente los habitantes de Dogville ofrecen su protección a la joven; pero esa primera actitud va transformándose poco a poco en cruel intromisión que llega a alcanzar el sadismo. La joven es victimizada por el pueblo entero, al punto que, en un determinado momento pareciera como si fuese a ser aniquilada por ésos quienes, al principio, le habían brindado afecto y protección. Sin embargo, el sorpresivo desenlace del filme revierte esa posibilidad: el ganster del que huía la joven era, en realidad, su padre, quien decide vengar las muchas humillaciones que ha sufrido su hija, asesinando a todos los pobladores de Dogville.

Alguna vez dijo Borges que la historia universal podría resumirse en algunas metáforas. Quizá, y muy paradójicamente, en el ínfimo villorrio que es Dogville, con su indefinición de espacios y su excesiva proximidad entre personas y tensiones; con su creciente atmósfera de una violencia sorda y total al interior de espacios empequeñecidos, irreales superficies de límites virtuales, encarne cierta metáfora del mundo humano de hoy: con todas sus saturaciones y forzosas cercanías.

jueves, 20 de octubre de 2011

EL RECONOCIMIENTO DE LOS OTROS...

El reconocimiento de los otros y lo que ese reconocimiento signifique: fama, respetabilidad, dinero, no debería ser suficiente para el ser de palabras que avala su obsesiva entrega a su juego en la necesidad de enriquecer su vida llenándola de sentido. Por encima, muy por encima de reconocimientos traducidos en fama o en dinero, su dicha reside en esa potestad de convertir su pasión en designio y derrotero.

miércoles, 19 de octubre de 2011

DENTRO DEL LABERINTO...


Dentro del laberinto será la devastación del albur, el desconcierto de los pretéritos extrañamente conjugados, la incertidumbre de tortuosos pasadizos, la duda en medio de todas las formas de indefinición, la incineración de pasos y actos y argumentos, los lazos y comuniones convertidos en cadenas que nos sujetan a sitios sin escapatoria, el inagotable escepticismo, el desvanecimiento en un tiempo a la deriva. Dentro del laberinto es la construcción de itinerarios sin destino, los recorridos estériles, la huella indescifrable, el rumbo informe, el espacio en blanco, la petrificación y el hastío de tantos y tantos días desgastados.

martes, 18 de octubre de 2011

LA VOZ, LA ESCRITURA...

La voz humana se hace eco de sus ahoras y a ellos se asemeja. La escritura, por el contrario, vive más por sí misma, al margen de las circunstancias que la generaron y dentro de un universo de formas propias ajenas a cuanto no sea el sentido de su diseño verbal.

lunes, 17 de octubre de 2011

MI MEMORIA

Mi conocimiento del mundo va construyénse a través de mi memoria. Ella me permite mirar con mayor lucidez o intensidad el presente que me rodea. Mi memoria se alimenta  con nuevas intuiciones y discernimientos. Ella significa mucho más que sólo recordar: acaso sea una manera de rehacer el tiempo. Es selectiva. Interviene. Rehace. Deshace. Me dice que la realidad de las cosas es la manera como las reescribe mi evocación. Contradictoriamente, conviven en mi memoria olvidos y obsesiones. Certera o no,  es siempre orientadora. Sin ella estaría condenado a ser mi propio olvido.

domingo, 16 de octubre de 2011

NOSOTROS CONTRA VOSOTROS...

Nosotros contra vosotros... Todo el espacio, todo el largo recorrido de la historia humana: de sus guerras, de sus parcelaciones, de sus miserias y grandezas, de sus ritos de odio y devoción, de su sangre y sus penurias, de sus banderas y sus himnos, nace en este sentimiento de un yo-nuestro agrupador de tribus, primero; después, patrias; luego, culturas en el tiempo.

sábado, 15 de octubre de 2011

ESCRIBIMOS COMO VIVIMOS...

Escribimos como vivimos: con fragilidad o abundancia, con parca perfección o con desbordada elocuencia, con lucidez alerta o perdidos en los cálidos laberintos de una desorientada conciencia, con placidez o con odio, con segura confianza o con temor, con indiferencia hacia el otro o con las manos permanentemente tendidas hacia él.

viernes, 14 de octubre de 2011

LOS COMPORTAMIENTOS SEXUALES DE CIERTOS INSECTOS...

Los comportamientos sexuales de ciertos insectos recuerdan, en grotesca y a veces terrible alegoría, versiones posibles de las relaciones amorosas entre los seres humanos.

jueves, 13 de octubre de 2011

DIJO SAINT-JOHN PERSE...

 Dijo Saint-John Perse; “el hombre nace en la casa, pero muere en el desierto”. Nacemos en ese lugar del cual nos vamos apartando a medida que avanzamos en nuestro vivir. Forzosamente nos alejamos de eso que fue nuestro comienzo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

DE LO QUE SE TRATA...


La comunicación, desde luego esencial a toda escritura, no es la única razón por la cual escribe un ser de palabras. También lo hace para sí mismo: para hablarse y entretenerse, porque le place hacerlo, porque no puede vivir sin hacerlo, porque está en su destino hacerlo. Y su escritura se convierte para él en su descubrimiento, en su apoyo, en su juego. Jugar con las palabras: apasionante entrega a un esfuerzo que se propone extraer de las voces sus muchos significados posibles y combinar sus sonidos y relacionar sus texturas; que trata de dibujar y tallar y esculpir esa materia prima que son las palabras. Ningún escritor, genuino y honesto escritor realmente merecedor de tal nombre, podría imaginar siquiera modificar su escritura en beneficio de la atención de los lectores. De lo que se trata, de lo único que podría tratarse para él, será de vivir para su escritura y no necesariamente de vivir de ella. Para algunos seres de palabras, el resultado de su juego logrará, afortunadamente, coincidir con eso que muchos lectores quieran leer o disfruten leer o necesiten leer. Será, entonces, el afortunado hallazgo del libro que logró encontrarse con el gusto de su tiempo. En general, suele ser la distancia de los años la que determina la trascendencia de los libros; pero, a veces, alguno en particular logra muy rápidamente reconocimiento y éxito. Es el libro que fue capaz de traducir certeramente algún significado particular en las comprensiones humanas, que logró ejemplarizar alguna forma de referencia. Fijación temprana del libro que supo qué decir y de qué manera hacerlo, que logró expresar algo que llegó a borrar para siempre alguna forma de silencio; o que descubrió entonaciones que, a partir de él, se hicieron tonalidad reconocible por entre todos los paisajes humanos. En ocasiones, algunos textos van más allá y llegan, incluso, a coincidir con significados comprensibles en todos los lugares y en todas las épocas. Será, entonces, el caso privilegiadísimo de libros atemporales consagrados por las infinitas lecturas de los hombres: encuentro perenne entre las voces que un ser de palabras vivió, concibió y escribió en un momento y un lugar determinados y las comprensiones que los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares arrojaron sobre ellas. Unos y otros: los inolvidables y los olvidados, los famosos y los desconocidos, los publicados en tirajes de millones de ejemplares y los editados en apenas unos cuantos centenares: todos los libros, si merecen realmente su nombre, si son la consecuencia del esfuerzo genuino de un ser que creyó en su obra y que lo apostó todo a ella, existen. Están allí y forman parte de las visiones humanas. Son un signo. Poseen un valor.

Pero cambian los tiempos y, junto con ellos, cambian también las herramientas de la escritura y los mecanismos de su recepción. Nuestra época de desasosiegos y de prisas ha conocido la llegada de la Internet: comunicación virtual dentro de los ilimitados lugares del ciberespacio. Para un creciente número de seres de palabras, la Red se convierte en morada posible para sus voces; un sitio dentro del cual ubicarse o en el que poder desplazarse; un territorio donde permanecer y donde ser percibidos. Dentro de la Red, las palabras existen para ser leídas por todo aquél que pueda contemplarlas. Ella funciona, de un lado, como una colosal imprenta virtual capaz de permitir a todo ser de palabras publicar inmediatamente cuanto escriba; del otro, como una infinita biblioteca en la que pueden contemplarse todas las voces, vislumbrarse todas las imágenes, escucharse todas las ideas. La Internet ha significado la libertad de una escritura que se mueve hacia todos los lugares; más independiente del juego editorial de los mercados y de la promoción de libros, más capaz de darse a conocer por sí misma... Y, a fin de cuentas, ¿no fue ése, no debió haber sido siempre ése el propósito esencial de la escritura literaria, la razón de ser de las voces escritas?

Stendhal dijo haber escrito sólo para el futuro: para ser leído, entendido y apreciado por los lectores del mañana. En el futuro está dibujado el destino de los libros. Él los confirma, los consagra o los olvida. Pero ante el impredecible futuro de las valoraciones; relacionadas, a veces, con las más imprevisibles, mercenarias y aleatorias de las razones: moda, oportunidad, suerte, prestigios creados, existe, muy real y corpóreo, el presente de la escritura: ese tiempo que significó muchas cosas para quien lo vivió, para quien lo construyó: evento, compañía, desahogo, justificación, refugio, rescate, juego...

martes, 11 de octubre de 2011

CON CIERTOS LIBROS...

Con ciertos libros dialogo, reconociendo en ellos rasgos de mi propia voz y de mi propio rostro.

domingo, 9 de octubre de 2011

VIEJÍSIMA ILUSIÓN...

Viejísima ilusión del hombre: que las palabras sean eternas y que ellas lo eternicen; que fijen sus ideas, sus sentimientos o sus creaciones; que, por ellas, sus huellas permanezcan aún después de su muerte, que ésta no signifique su total desvanecimiento.

sábado, 8 de octubre de 2011

LO LLENO Y LO VACÍO...


Lo lleno y lo vacío en la escritura literaria: dialéctica de lo disímil; lo vacío o lo olvidado que puede ser cubierto: rebosadamente verbalizado desde la exuberancia de una palabra que testimonia, fantasea o recuerda. Una escritura que evoca memorias y, al hacerlo, inventa, logra cubrir el vacío de muchísimos olvidos y silencios; y, ante muchas referencias ausentes y muchas memorias desdibujadas, contrarrestar el olvido y la ignorancia.

viernes, 7 de octubre de 2011

EN UN PAÍS DE CORTA MEMORIA...

En un país de corta memoria como Venezuela, volver los ojos al pasado es arrancar la historia de una gruesa amalgama de mitos y odios, de panteones y olvidadas fosas comunes.

jueves, 6 de octubre de 2011

EL IDEÓLOGO, EL ESCRITOR...


Imre Kertsz, escritor húngaro, galardonado con el Premio Nóbel del año 2002, y sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, escribió una conferencia: “El intelectual superfluo”. En ella contrastaba la experiencia de vivir de un ser humano con la falsa vida de todo individuo que somete su existencia a los dictados de las respuestas ideológicas. Las genuinas vivencias humanas, dice Kertesz, siempre desconcertarán a los individuos incapaces de vivir y de ver las cosas por sí mismos; comprometidos, sólo, con fórmulas, recetas y mandatos dictados por otros. Por eso se aferran a la ideología: simplificación o caricatura de la idea. Un escritor; esto es, un artista, un creador: individuo necesariamente comprometido con hallazgos y verdades descubiertos en su propia vida, no podría sino distanciarse del ideólogo creyente sólo en esas razones que aprendió a obedecer.

miércoles, 5 de octubre de 2011

EL SER DE PALABRAS SABIO...

El ser de palabras sabio (y de algún modo, parecería como si los seres de palabras fuesen los más capaces de llegar a conocer la auténtica sabiduría) intuye que la vida sólo puede conocerse viviéndola. Sabe que si logra conservar su lucidez y permanecer atento a cuanto suceda a su alrededor, nunca dejará de aprender. Sabe que, a medida que los años avancen, conocerá más cosas, que nunca cesarán los fascinantes descubrimientos; pero sabe, también, que sus aprendizajes dependerán, sobre todo, de su actitud ante cuanto el camino le muestre. Adivina que los cielos o infiernos que en ese camino lo acompañen dependerán, sobre todo, de sí mismo. El ser de palabras se sabe y se asume caminante. ¿La regla de oro del caminante? Vivir el día a día. Optar por la pasión de vivir y por la curiosidad inacabable ante la vida. Aprender de las alternativas siempre impredecibles, eventualmente maravillosas, que la existencia le ofrezca.

martes, 4 de octubre de 2011

EN UN CURSO QUE DICTÉ HACE POCO...


En un curso que dicté hace poco, se trató en algún momento de eso que Umberto Eco llama “tecnología destructiva”. En un trabajo escrito, uno de mis estudiantes sostuvo con extraordinaria lucidez que algunos de los signos más emblemáticos de esa “destructividad” de lo tecnológico estaba muy relacionada con la así llamada “industria del ocio”. Desde luego, cuando pensamos en tecnología destructiva es ya un lugar común referirse a la proliferación de armas capaces de aniquilar a cualquier adversario; y de convertir la guerra en algo mucho más terrible de lo que siempre ha sido, arrojando el resultado de desenlaces sin vencedores ni vencidos. Pero leyendo el trabajo de mi estudiante, vino a mi mente la visión de esa crecientemente poderosa industria de videojuegos donde cobra mayor importancia la creación de espacios virtuales en los que penetra un jugador para vivir experiencias paralelas a la de su propia vida.

Si en el terreno bélico, la tecnología ha llegado a ser capaz de calcinar muchísimos hombres y muchísimos espacios, algo parecido sucede en el mundo de la industria del entretenimiento, en que cada vez más y más seres humanos se entregan a la aventura de vivir existencias virtuales dentro de universos irreales donde descubren aventuras, amistad,  amor...

Aniquilación de la realidad real en beneficio de una fantasmagórica realidad que borra la vida en beneficio de una vida falsa. Algunas películas recientes han tocado el tema de  seres humanos hibernando mientras sus clones o sus avatares actúan por ellos, piensan por ellos, sienten por ellos. Jugar a vivir en medio de espacios ilusorios encargados de hacer las veces de vida. Triste conclusión de una humanidad cansada de vivir y ha dejado de ser actora para convertirse en espectadora de sí misma en un destino de desvanecimientos. Terrible nuevo estadio de una humanidad que ha penetrado en el más absurdo de los comportamientos y la más irracional de las sinrazones: renunciar a vivir para entregarse a una vaga y vana ilusión de vida.

lunes, 3 de octubre de 2011

RINDO UN HOMENAJE...


Aprovecho para rendir, aquí y ahora, un homenaje a ciertas personales lecturas infantiles: los libros escritos por una escritora inglesa de la que, por muchos años, pensé que se trataba de un hombre. Se llamaba Richmal Crompton; y disfruté por largo tiempo de los muchísimos episodios protagonizados por Guillermo Brown, un niño inglés rechoncho, pelirrojo, con el rostro lleno de pecas, ataviado con la infaltable gorra de cricket que, según creo, era de uso obligatorio en los colegios ingleses de la época; y que, junto con sus amigos Pelirrojo, Douglas y Enrique, me hicieron disfrutar de sus aventuras. No me cansaba de sumergirme en el mundo de Guillermo. Leía sus peripecias una y otra vez, incansablemente. Llegué a conocer de memoria la mayoría de ellas. Volvía una y otra vez a esas páginas que me divertían y, sobre todo, me aislaban. Fui también, claro, un ávido lector de Emilio Salgari, con sus muy variados y exóticos personajes y lugares; pero, sobre todo, serían los muchos y muy hilarantes episodios de Guillermo Brown los que me mostraron la fuerza seductora de una palabra capaz de enriquecer mis días.

domingo, 2 de octubre de 2011

LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA...

La escritura autobiográfica ha terminado por coincidir con cierta moda de nuestra modernidad crepuscular: sentir que es real sólo eso que podemos contemplar con nuestros propios ojos. En las vivencias de un yo que se autobiografía, el lector presume confidencia y verdad.

sábado, 1 de octubre de 2011

QUE SIEMPRE ITACA...

"Que siempre Itaca -dice Kavafis a su lector- esté en tus pensamientos, llegar allí es tu destino. Pero nunca apresures el viaje. Es preferible que dure años, que seas viejo cuando alcances la isla, rico con todo lo que habrás ganado en el camino sin esperar que sea Itaca la que te haga rico. Itaca te dio un maravilloso viaje. Sin ella no habrías partido. Pero ella ya no tiene más que darte". Itaca es el camino por hacerse, el destino de cada quién, el itinerario realizado. La Itaca que fue la nuestra reflejará la imagen de nuestro rostro, concluido ya su tiempo: imagen congelada para siempre en todo lo que fuimos, en todo cuanto hicimos...

viernes, 30 de septiembre de 2011

ME ESFUERZO...

Me esfuerzo por dibujar un gesto a la medida de mi propio arbitrio dentro del abrumador trazo del universo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

NUESTROS DIOSES SEGUIRÁN SIÉNDOLO...

Nuestros dioses seguirán siéndolo en la medida en que sean parte de nuestras más íntimas veneraciones. Vociferar nuestros sueños, aullar nuestras creencias, aturdir con nuestra fe, abrumar con nuestras verdades es rebajar a nuestros dioses a la condición de propaganda, contraseña, discurso y recurso de una burda retórica.

martes, 27 de septiembre de 2011

LA DIGNIDAD DE LAS PALABRAS...

La dignidad de las palabras es, de muchos modos, la dignidad de lo humano.

lunes, 26 de septiembre de 2011

DESDE SIEMPRE GUSTÉ DE LAS PALABRAS...

Desde siempre gusté de las palabras: me atraía emplearlas, a veces con estudiado efectismo, tratando de apoyar en ellas los más variados argumentos. Entendía que su dominio revelaba una habilidad y, mucho más aún, una potestad. Gracias a ellas, muchas veces los motivos, cualesquiera que fuesen, parecían magnificarse, y las razones hacerse irrefutables. Con palabras podían dignificarse las cosas, las imágenes, los recuerdos. Con palabras, a veces, la vida parecía convertirse en juego o escenario. Sentía a las palabras como intermediarias entre el mundo y mi yo: puentes mágicos que podía atravesar, tanto para adentrarme en lo exterior como en mí mismo. O sea: las palabras, a la vez que me comunicaban también podían aislarme.

sábado, 24 de septiembre de 2011

SOBRE EL AFORISMO...

Aforismo: marmórea brevedad de ese hallazgo que deseamos congelar para siempre. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA LUCIDEZ NOS PERMITE...

La lucidez nos permite contemplar con serenidad logros y errores, reconocer que en la vida existen experiencias sin desenlace y fracasos posibles para cada ilusión, que la realización de muchos sueños coexiste con el desvanecimiento de muchos propósitos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

LA CONTINUIDAD, COHERENCIA Y DESTINO...

La continuidad, coherencia y destino de mis pasos precisa del impulso de una pasión, una ilusión o una fe.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

ANTE TODO...

Ante todo, la voz del ser de palabras debe apoyarse en la autenticidad. Autenticidad: primera gran verdad, valor esencial del trabajo del ser de palabras; ideal de vida que alimenta, también, la creación; estrechamente relacionadas, vida y obra, en análoga vitalidad y análogo impulso. A la espera de otros calificativos que el tiempo pueda llegar a colocar sobre una determinada obra, acaso sea la de “auténtica” la que mejor pueda definirla en el momento vivo de su creación. Autenticidad de argumentos, de rechazos, de búsquedas; autenticidad, también y sobre todo, de eventuales contradicciones. La autenticidad justifica el espacio en blanco de unos puntos suspensivos previos a ese largo itinerario por escribirse. No todas las obras de todos los seres de palabras merecen trascender; pero, al menos, tal vez sean dignas de comenzar a permanecer las de quienes trabajaron en el elemental propósito de expresar razones y argumentos surgidos de una genuina inquietud. Más allá de los posibles méritos que el tiempo venidero pueda arrojar sobre una obra, la autenticidad hace que ésta se justifique, al menos, en la validez del esfuerzo que significó realizarla.

martes, 20 de septiembre de 2011

TEMOR A...


Temor a los años y a la decadencia de los años, al fracaso y a la angustia ante el fracaso, a la insoportable monotonía de demasiados días, al error absurdamente repetido y a sus dolorosas consecuencias, a la desorientación que me arrastra a la intemperie o al laberinto...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

HACIA EL FINAL DE MIS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS...

Hacia el final de mis estudios universitarios, en la carrera de Letras que escogí, me acerqué a diversos autores españoles e hispanoamericanos; creo que, en gran medida, como un esfuerzo por intelectualizar un espacio cultural que, de manera un tanto surrealista, me proponía construir desde mí mismo. Mi tesis de licenciatura fue una comparación entre Miguel de Cervantes y Miguel de Unamuno. Absolutamente prescindible, desde luego, aunque su título sigue aún gustándome: Dos quijotes de la hispanidad. Era una relación entre el quijotismo de Unamuno y el quijotismo de Cervantes, siempre a la luz de las muy desaforadas expresiones unamunianas; un esfuerzo que me hizo volcar toda la pasión de mis veinte años en la delirante idealización de muchos trazos del universo hispánico. De mi frecuentación de los ensayos de Unamuno, permaneció un deslumbramiento por su prosa desbordante de brío e idealismo. Ella me mostró el rostro de un inconformismo individualista muy español. Me mostró, también, una muy atractiva posibilidad de la escritura: ayudar a resistir mi derredor, volcando en mis voces pasiones y curiosidades, ideales y propósitos, sueños y obsesiones sólo míos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CONSTRUIRNOS Y RECONSTRUIRNOS...

Construirnos y reconstruirnos alrededor de cuanto nos resulte genuinamente necesario y necesariamente genuino.

viernes, 9 de septiembre de 2011

HAY AUTORES IMAGINATIVOS Y HAY AUTORES RAZONADORES...

Hay autores imaginativos y hay autores razonadores: el imaginativo escribe mundos, el razonador describe el mundo. De la fantasía del imaginativo brotan las imágenes que dibujarán nuevos universos, de la inteligencia del razonador nacen los dibujos que buscan definir este universo nuestro.

lunes, 5 de septiembre de 2011

MIS PALABRAS, LAS PALABRAS

Por un lado, las palabras son signos, y, como tales, fenómenos del mundo exterior; pero, a la vez, son también expresiones interiorizadas por cada ser humano, trazos inseparables de su conciencia. La lengua que me define es la misma que me hace participar de un determinado orden tribal. Divisamos y organizamos cuanto nos rodea a partir de signos que, a la vez que forman parte de lo más íntimo y subjetivo de nosotros mismos, son, también, formas comunes que compartimos con todos los hablantes de nuestra propia lengua. El signo que me pertenece, pertenece también a la memoria de muchísimos otros. Paradoja de la palabra: a un tiempo, señal colectiva y creación individual.

sábado, 3 de septiembre de 2011

MALLARMÉ HABLÓ...

Mallarmé habló del "juego insensato de escribir". ¿Juego insensato? Quizá. En todo caso, útil, privada e insustituiblemente útil.

viernes, 2 de septiembre de 2011

HACE MUCHO TIEMPO, MI ESCRITURA...

Hace mucho tiempo, mi escritura empezó por ser sólo separación, apartamiento; luego la fui transformando en morada desde la que tendí puentes hacia el afuera. Poco a poco, aprendí a ir haciendo de mi escritura voluntad; también cobijo del que estarían necesariamente ausentes las intromisiones, los rostros prescindibles, los innecesarios testigos...

domingo, 28 de agosto de 2011

ESCRIBIR ME HA ENSEÑADO...

Escribir me ha enseñado a valorar el silencio. Paradójicamente, quizá escriba porque aprendí a amar el silencio.

lunes, 22 de agosto de 2011

RECUERDO CIERTA FRASE DE SIMONE DE BEAUVOIR...

Recuerdo cierta frase que leí a Simone de Beauvoir: “Declarar que la existencia es absurda es negar que se le pueda dar sentido alguna vez; decir que es ambigua es afirmar que su significado nunca es el mismo, que constantemente ha de ser adquirido.” Existencia ambigüa; esto es: impredecible, llena de sorpresas. Ambigüedad ante la que siento la necesidad de oponer mi propia autonomía hecha de discernimientos, intuiciones, resistencias, convicciones, sueños y esperanzas. Máximo sueño de autonomía, apuesta total frente al tiempo que me construye: descubrir un sentido para mi existencia.

viernes, 19 de agosto de 2011

EXISTEN SERES DE PALABRAS...

Existen seres de palabras con un sentido muy práctico de la realidad. Hay otros que parecieran mantenerse totalmente ajenos a ella. Unos propenden a las fantasmagorías: visiones creadas por ellos mismos. Otros permanecen apegados a lo cotidiano, volcados en la interminable reflexión sobre todo cuanto consideran imprescindible y cercano. Hay seres de palabras que, constantemente, revolotean alrededor del brillo y el calor de algunos vocablos, desinteresándose de todo lo demás. Hay seres de palabras que precisan contemplar sus vidas bajo un sentido de unidad y que convierten la lucidez en punto de partida de todos sus hallazgos. La palabra es, para ellos, una forma de sobrevivir en el camino, un lugar desde donde avizorar por sobre las circunstancias y distinguir en medio de la confusión y la bruma. Su voz describe una y otra vez las ilusiones que cimentan sus itinerarios. Para ellos la existencia se apoya en ideas; no ideas abstractas, sino, por el contrario, visiones inspiradoras, argumentos. Hay seres de palabras para quienes la realidad es una sola cosa; para otros, ella es demasiadas cosas y, generalmente, contradictorias. Hay seres de palabras que erigen como indudable meta de su vida la esperanza. Otros creen sólo en la intensidad de ciertos instantes. Hay seres de palabras empeñados en vociferar a los cuatro vientos sus asombros y manifestar, interminablemente, los descubrimientos que acompañan su vivir. Otros, se expresan sin que apenas pueda escucharse su voz, una voz convertida en casi inaudible murmullo de incertidumbres, inseguridades y conjeturas. Para algunos, la vida es hechizo; para otros, razón. Unos tratan de gobernar su vida e, incluso, parecieran proponerse dominar la vida de todos. Otros se esfuerzan inútilmente por dirigir, apenas, algunos instantes de su propia vida. Asertivos o tímidos, atormentados o serenos, firmes o inseguros, los seres de palabras necesitan, cada uno a su manera, usar su voz para nombrar el tiempo que los rodea y los dibuja.

miércoles, 17 de agosto de 2011

A TODOS LOS SERES HUMANOS NOS RODEA EL MUNDO...

A todos los seres humanos nos rodea el mundo. Vivimos inmersos en él, circunscritos a él, abrumados por él. Y hay quienes se esfuerzan por descubrir en esos vastísimos paisajes exteriores todas las respuestas y justificaciones, todas las razones y significados: aún para sus más íntimas interrogantes y sus más personales comprensiones; seres que parecieran divisar sus destinos siempre lejos de sí mismos; individuos incapaces de adentrarse en sus propios laberintos, incapaces de contemplarse en sus memorias o de reconocerse en sus imaginarios. Si algo pudiera definir a un ser de palabras, sería mantener una actitud del todo opuesta. Mucho más que dentro del mundo, él se percibe cerca de sí mismo, próximo a sus fantasías y memorias. Contempla el mundo, generalmente, desde las coloraciones y texturas de su propia interioridad. Su necesidad de crear, de decir, de escribir, mucho tiene que ver con esa interminable proximidad hacia sí mismo, con esa necesaria comunicación y urgente cercanía a una intimidad que le pertenece y de la cual él es único custodio.

martes, 16 de agosto de 2011

domingo, 14 de agosto de 2011

EL ESTILO ES LA VERDAD DEL ESCRITOR...

El estilo es la verdad del escritor; su freno y su empuje, su territorio y su límite, su libertad y su prisión. Es ritual de búsqueda de esa palabra indudable escrita como siguiendo un impulso; certidumbre del poeta en sí mismo, en sus verdades, sus comprensiones y sus gestos.

sábado, 13 de agosto de 2011

ESCRIBIR ES...

Escribir es armar un casi infinito rompecabezas que parte de una escogencia: ¿qué queremos decir?, ¿cómo lo queremos decir?

viernes, 12 de agosto de 2011

LUMINOSO DELIRIO...

Luminoso delirio: en el día a día del vivir, ir dibujando un símbolo, amonedar una imagen, trazar un rostro único y final que logre describirnos para siempre.

miércoles, 10 de agosto de 2011

BREVE EVOCACIÓN DE MI LIBRO "EL SILENCIO, EL RUIDO, LA MEMORIA"

Por algún tiempo había querido escribir un libro, un texto que reuniese en sus páginas algunas cosas relacionadas con mi infancia y adolescencia: memorias, convicciones, incertidumbres, algún asomo de respuestas... Un tema en particular estaba presente en mi memoria: siendo niño, había ido a vivir con mis padres a España. Allí permanecí por espacio de tres años. Cuando regresé a Venezuela, ya no me identificaba con mi país: me sentía absolutamente extranjero en él. Ese sentimiento de desubicación, de aislamiento, de diferencia, había marcado, en muchos sentidos, el fin de mi niñez y el comienzo de mi adolescencia. Ese era un tema que me obsesionaba. En algún momento había sentido que escribir sobre él sólo podría lograrlo bajo la forma de una novela. E, incluso, había llegado a intentar sin éxito esa aventura novelesca. Aquel texto permaneció por largos años en ese rincón de los proyectos irrealizados que, generalmente, todos solemos llevar a cuestas. Sin embargo, hubo una época en que todo pareció conjurarse a favor de reintentar el esfuerzo: me hallaba en el comienzo de un año sabático, tenía tiempo disponible, no existían mayores presiones académicas... Fue entonces cuando decidí retomar el viejo proyecto: escribiría un libro en el que, desde una memoria personal relacionada con espacios de mi propio pasado, me acercaría a ciertas peculiaridades históricas venezolanas; una comprensión de lo venezolano a partir de visiones absolutamente autobiográficas. El viejo libro abandonado cobraba vida por fin bajo la forma de un ensayo que relacionaba aspectos de mi subjetividad con una comprensión del itinerario de mi país.

Nació, así, El silencio, el ruido, la memoria, una respuesta personal a partir de lo colectivo, una definición de mi origen a partir de una memoria común. El silencio, el ruido, la memoria fue mi tercer libro, pero, en más de un sentido, lo considero como el primero; en todo caso, el primero con el que cumplía un lento y paulatino descubrimiento de mi propia escritura, el que me llevaba al hallazgo de esa palabra que siempre había deseado escribir.

(Y, salvando todas las distancias, valga aquí una digresión: recientemente me enteré que uno de los mejores libros que se hayan escrito sobre el tiempo mexicano, El laberinto de la soledad de Octavio Paz, tuvo un origen aparentemente muy semejante. En uno de sus últimos libros, Itinerario, Paz cuenta acerca de la génesis de aquél célebre y ya remoto ensayo sobre México. Durante su infancia, Paz tuvo que residir por varios años en la ciudad de Los Angeles. Allí sus compañeros norteamericanos no lo aceptaron por mexicano y por no hablar inglés. De regreso a México, años después, sus compañeros de colegio mexicanos tampoco lo aceptaron por no ser como ellos, por ser extranjero. Concluía Paz que en ese haberse sentido extranjero en su patria, en ese no haber sido aceptado ni por unos ni por otros, en ese percibirse distinto, hubo de germinar muy tempranamente una necesidad de identificación que terminó por llevarlo a escribir un libro sobre la condición mexicana. El punto de partida autobiográfico, la memoria personal de un íntimo recuerdo, derivó, así, en un libro que era un profundo esfuerzo de comprensión colectiva.)

En mi caso, a partir de El silencio, el ruido, la memoria, comenzó un itinerario que ha ido produciendo diversos libros; todos relacionados a un mismo diálogo con distintos aspectos de mi entorno, de mi circunstancia. En realidad, creo que todo libro abre las puertas a los futuros libros que habrán de sucederlo. Las interrogantes a las que tratamos de responder cuando estamos escribiendo, generan nuevas interrogantes que deberemos tratar de satisfacer más adelante. Como la escritura, la vida es camino, recorrido. Vida y escritura avanzan, o, en todo caso, se mueven a partir de, generalmente, impredecibles derroteros. Los años vividos y los libros escritos son formas y resultados del mismo esfuerzo de un rumbo por hallar.

martes, 9 de agosto de 2011

LOS GRANDES SUEÑOS...

Los grandes sueños, las viejas utopías de la Humanidad fueron siempre construidos sobre geografías ignotas. El hombre antiguo trazó sus mapas a partir del imaginario de sus ilusiones. El hombre moderno exploró y conquistó impelido, sobre todo, por la ilusión de atesorar espacios nuevos, de descubrir la abundancia en el ámbito de lo desconocido, de hallar riquezas en alguna remota lejanía. Sin embargo, como una paradójica maldición, cada nueva superficie descubierta, cada nuevo sitio conquistado, terminaba por convertirse en despojo, tierra agotada para las quimeras y los posibles. Contradictorio Rey Midas, el moderno conquistador de espacios redujo a cenizas todo cuanto tocaba. Su última y reciente ilusión ha sido la conquista de las estrellas. Cercana ya la convicción del apocalipsis, pareciéramos aspirar a descubrir en lejanas galaxias lugares nuevos donde hacer realidad sus viejos sueños.

viernes, 5 de agosto de 2011

EL SER DE PALABRAS SE JUSTIFICA...

El ser de palabras se justifica constantemente: sobre todo y quizá antes que a nadie, ante sí mismo. Le obsesiona el fracaso: un sentimiento que, en su caso, encarna en el temor de no alcanzar a conseguir eso que siempre percibió como una meta para la que la vida lo había destinado. Le perturba no cumplir con un destino que, acaso, imagina escrito para él. El fracaso, siempre amenazadora presencia, se dibuja ante el ser de palabras como convicción del tiempo desperdiciado en esfuerzos que parecieran no conducir hacia ningún lado. El fracaso puede ser, también, la percepción del desvanecimiento: borrarse en la nada, ver su obra deshacerse en la nada. El ser de palabras vive sometido a una inacabable prueba de fe en sí mismo; le es necesaria la convicción de que sus vigilias de años en torno a un libro, por ejemplo, puedan llegar a justificarse en páginas que lo señalan sólo a él.

martes, 2 de agosto de 2011

EL SER DE PALABRAS VIVE ENTRE...

El ser de palabras vive entre su lucidez y su imaginación. Todo lo que no acepta propende a dibujar lo que quisiera aceptar. Es, a la vez, un crítico y un utopista. De su mirada crítica se origina su visión de lo que le gustaría contemplar. Algunos de los grandes sueños de la humanidad, de las más bellas ilusiones de los hombres, nacieron de seres de palabras que, insatisfechos ante lo que veían, se propusieron imaginar lo que hubieran querido divisar.

lunes, 1 de agosto de 2011

ESCRIBIR CORTO...

Escribimos corto cuando damos a cada palabra la importancia que merece, cuando la palabra que deseamos decir sólo puede ser precisamente una y ninguna otra, cuando valoramos esa palabra por encima de todas las demás porque en ella hallamos la hilvanación de una aleatoria exactitud o perfección. Escribir corto pareciera favorecer que la palabra se detenga en un género en particular y se identifique para siempre con él. Quienes escriben corto no parecieran abundar en géneros; suelen permanecer en uno solo sobre el cual proyectan todas las amplísimas posibilidades de la literatura.