miércoles, 26 de junio de 2013

SOBRE LA UNIVERSIDAD... I

Existen grupos humanos que se avienen mal con la obediencia ciega, con la falta de cuestionamientos; grupos que no aceptan ser uniformados; que, sobre todo, obedecen a sus intuiciones, a sus convicciones, a sus sueños; grupos de individuos que, por sobre cualquier otra cosa, se apoyan en su libertad. Pienso, por ejemplo, en esos grupos que han sido mis interlocutores por muchos años: los jóvenes universitarios.
Los fanatismos, la obediencia irracional, la ausencia de crítica pertenecen a universos ajenos a la universidad: espacios que, generalmente, sustentan sus principios y valores sobre la supresión de cualquier forma de individualismo. El mundo castrense, por ejemplo, saturado de uniformes y uniformidades, de estandartes e himnos, de obediencias y consignas, acostumbra imponer la razón y los argumentos de algún particular “superior” sobre muchos “inferiores” como la única razón y el único argumento posible. Iniciativa que no es exclusiva sólo del mundo militar:  se repite en todos aquellos espacios empeñados en reducir la individual complejidad humana al tamaño de un lema, un proyecto, un código, una obediencia o un símbolo.
El individualismo juvenil de los estudiantes universitarios suele colocar a éstos al margen de muchos referentes que frecuentemente no aceptan ni acatan. ¿Su respuesta? Aferrarse a sus propios espacios, a sus valoraciones, a la fuerza de su particular rebeldía. Rebeldía: acaso una forma de orientación necesaria para ese joven que está aprendiendo a creer en sí mismo, en eso que es y en eso que hace. Si posee la lucidez suficiente para superar ciertas limitaciones y apartarse de algunas torpezas, su rebelión bien pudiera darle fuerzas en la construcción de su propio camino, un significado para su rumbo. Rebelarse puede, de hecho, expresar un gesto de honestidad de un individuo consigo mismo y con cuanto le concierne.
Una cotidiana forma de rebelión: ir en contra de la corriente, acudir al encuentro de nuestra autonomía, perseguir nuestra  independencia... La rebeldía –o la resistencia: también ese nombre le cuadra a ese sentimiento de apoyo a una soberanía que sólo a nosotros incumbe- en modo alguno está relacionada sólo con el resentimiento, la amargura o el nihilismo. Puede tener que ver con algo mucho más sencillo y honesto: la aceptación de eso que somos y que no podríamos dejar de ser.

El tiempo universitario existe para permitir a quien lo vive adecuadamente esfuerzos, ideales, sueños, propósitos. Ningún gobierno, ningún Estado, ningún gobernante debería tener la potestad de imponer a los estudiantes irrestrictas obediencias. Eso –repito- pertenece a otros espacios, nunca al universitario. Los principios y valores que rigen la realidad de la Universidad se relacionan con curiosidad, con ideales, con principios, con valores, con sueños… Cosas, todas ellas, que jamás podrían ser sometidas al arbitrio de una voluntad ni al designio de dogmas o ideologías.